domingo, 12 de agosto de 2018

ANA FRANK



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Vemos unas poleas en la parte externa de los edificios, son para llevar las camas, lavadoras, neveras, etc., hasta los apartamentos. Es una forma práctica y cómoda de sacar y meter enseres cuando no hay ascensores de gran capacidad y las escaleras son estrechas
Sabemos que el medio de transporte oficial es la bicicleta. A los niños primero les enseñan a nadar y luego a andar en bicicleta. Hombres, mujeres, viejitos e infantes viajan en bicicleta. Hay un estacionamiento gigante de varios pisos para bicicletas. Pregunto al guía cómo encuentra su bicicleta el usuario. Bueno, responde, si no la encuentra se roba una cualquiera, y cuando viene el amo de la bici que se robaron, se roba otra, y así  se roban unos a otros y no pasa nada porque son muy baratas…
Pasamos frente a la casa natal de Espinoza, el pensador  de la tolerancia. Comentan que la filosofía de los holandeses la resume la expresión francesa: “laissez faire, laissez passer”, que significa  “dejen hacer, dejen pasar”.
Llegamos a la casa donde murió Rembrandt en 1669 a la edad de 63 años. No se saben las causas de su muerte, pero los especialistas afirman que por sus innumerables autorretratos puede diagnosticársele melancolía y depresión. Esto lo corrobora su tendencia  a la soledad y el uso de colores oscuros los últimos años de su vida.
Un canal está cubierto de flores. Es un mercado flotante. Un puente tiene sobre sus barandas muchas coronas. Y de repente la belleza se transforma cuando observo un canal con mucha basura. Siempre hay gente que desentona.
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Estamos cerca de la casa de Ana Frank. Es uno de los sitios más visitados de Ámsterdam. Discuto con la guía sobre el Diario de Ana Frank. Le digo que una niña que apenas tenía 13 años no pudo escribir ese diario, el cual me parece provenir de una mano adulta. Me contesta que las circunstancias terribles de la guerra la hicieron madurar prematuramente. Puede ser, pero quedo con mis dudas. La cola es enorme y eso me desanima para entrar a la casa. Pero repaso el libro con mucho cuidado y encuentro cosas muy interesantes. Ana dice que inicia su diario porque el papel es más paciente que el hombre. Cuando se escondió de los alemanes en esa casa que ahora vemos de cerca sólo pudo despedirse de su gato Moortie. Ese  amor hacia los animales nunca lo perdió :hizo amistad con otro  gato llamado Boche que vivía en un anexo a su escondite.
De noche debían guardar absoluto silencio para no ser descubiertos por los gendarmes. Cuando alguien tosía le daban codeína, un poderoso medicamento que inhibe el reflejo de la tos. Ella escribe: “Muertas de miedo, la señora  Van Daam y yo casi nos desmayábamos  cada vez que el señor tosía. Por fin, uno de nosotros tuvo la brillante idea  de darle codeína, calmando así los comprometedores accesos”.
Luego este largo párrafo:
          “Una gripe me ha impedido volver a escribirte antes de hoy .Es horrible estar enferma aquí. Cada vez que tenía que toser, me acurrucaba bajo las cobijas  para ahogar el ruido, con el resultado que la garganta me hacía  aún más cosquillas .Tuvieron que darme leche con miel, azúcar y pastillas. Cuando pienso en los tratamientos  que tuve que soportar  me dan todavía vértigos: sudoríparos, compresas húmedas, cataplasmas,  bebidas calientes , gargarismos, toques, jugo de limón, vaso de agua caliente y el termómetro cada dos horas en completa inmovilidad”.
Cuando el médico no tiene fonendoscopio, para escuchar el corazón o los pulmones del paciente, puede colocar su oído sobre el pecho del enfermo. Eso se llama auscultación directa; y lo notamos en las siguientes líneas:
“…Lo más desagradable fue sentir sobre el pecho desnudo la cabeza envaselinada de Dussel, quien, dándoselas  de médico, se empeñó en auscultar  mi pobre caja torácica”.
Con todas las penurias Ana se empeña en dejar un testimonio para la posteridad: “Quiero que algo de mi perdure después de la muerte”.

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Hay   unas frases en el Diario de Ana Frank que llaman poderosamente la atención por la fuerza y convicción de vida que transmiten:
-.Las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados. Leer, aprender…
-Me has preguntado cuáles son mis intereses y pasatiempos y me apresuro a responderte…En primer lugar escribir, lo que en realidad no entra en la categoría de pasatiempo.
- La obscuridad, la noche lluviosa, la tormenta, las nubes fugitivas, me tenían fascinada. Por primera vez desde hace  un año y medio, veía la noche frente a frente.
-Todos vivimos sin saber por qué ni para qué en búsqueda siempre de la felicidad
-La pereza puede seducir, pero el trabajo produce satisfacción.
-Porque en el fondo la juventud es más solitaria que la vejez.
Pero hay otro tipo de frases que me recuerdan a la Venezuela actual. Con la diferencia que lo que comenta Ana sucedía en la Segunda Guerra Mundial y en 1944; y lo de mi país pasa en pleno siglo XXI:
-“Se hace cola hasta para comprar verdura. Los médicos no pueden visitar a los pacientes, pues en cuanto vuelven la espalda le roban su vehículo; el robo y las raterías están a la orden del día, al punto que nos preguntamos qué ha sucedido con los holandeses, quienes de la noche a la mañana se han transformado en ladrones”
-“Nadie se atreve a salir de su casa ni por cinco minutos, pues si te vas se van también tus pertenencias”.
-“Todo el mundo se dedica al mercado negro…Los asaltos, los asesinatos, los robos son ya rutinarios. Policías y veladores participan en ellos como profesionales, pues todos quieren satisfacer su estómago a toda costa”.
-“El mundo entero está de cabeza. Las personas decentes son enviadas… a prisión o a temblar en celdas solitarias, mientras que la escoria gobierna  a jóvenes y viejos, a ricos y a pobres”.
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Hace poco una noticia recorrió el mundo cultural y lamentablemente me dio la razón: el famoso diario de Ana Frank fue escrito por un adulto. Dicen que fue el padre de Ana,  Otto Frank. Otros afirman que fue el escritor judío norteamericano Meyer Levin.
Además, se determinó que el diario fue escrito por una sola mano, y no fue la de Ana, dice Minna Becker, una perito judía en caligrafía. Y su afirmación la hizo ante un tribunal. Minna comparó la letra de las cartas que Ana escribió a unas amigas  y que fueron publicadas en Estados Unidos. La conclusión fue la siguiente: la letra de estas cartas sí tiene el aspecto normal de una niña de 10 ó 12 años, lo que no es el caso del “manuscrito original”, que nos revelan a un autor de mayor edad.


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 
























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