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Vamos al museo de Rembrandt, el pintor que conocí desde mis tiempos de
estudiante de medicina por su obra la
Lección de anatomía y cuya copia estaba en la morgue de mi facultad de medicina en
Moscú.
En la entrada está parado un pintor con sus lápices y colores, muy parecido
a Rembrandt. Este señor se viste como el famoso artista holandés y por unos
cuantos euros permite ser fotografiado junto a él.
Adquiero una miniatura de Rembrandt, de esas que se pegan en las neveras, una bagatela pero que considero una verdadera belleza:
La ronda de noche.
Busco el cuadro donde aparece Rembrandt con su esposa Saskia y donde el
pintor levanta una enorme copa llena de champaña. No lo encuentro, pero yo adquirí una copia en
una visita a Alemania porque
considero esta pintura un verdadero símbolo de la felicidad y la alegría.
Debería presidir todas las reuniones familiares para invocar los futuros
triunfos y momentos de júbilo. Por eso precisamente la coloqué en nuestra sala,
aquí en San Juan de los Morros.
Damos un paseo en barco por los canales y en la noche nos retiramos al
hotel Ibis.
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