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Llegamos a Ámsterdam, la ciudad de la tolerancia: aquí hay libertad para
las religiones, la marihuana y la prostitución. Aquí nació Spinoza (1632 – 1677),
el filósofo de la libertad de cultos e ideas. Einstein creía solamente en el dios
de Spinoza. Ese dios nos dice:
“Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que
hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo
que he hecho para ti.
¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo
construiste y que dices que son mi casa. Mi casa está en las montañas, en los
bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi
amor por ti”.
Spinoza nos da un ejemplo del minimalismo con respecto a las cosas
materiales: vivía en un cuarto pequeño con una camas, tres mesas, un juego de
ajedrez y un poco más de cien libros.
En mi biblioteca tengo un solo libro de Spinoza: Ética demostrada según el orden geométrico.
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