lunes, 22 de octubre de 2018

MEDICRÓNICAS EUROPEAS



MEDICRÓNICAS EUROPEAS

Dedicatoria: a Valia, mi hija-nieta, quien  con toda seguridad será escritora.

Edgardo  Rafael Malaspina Guerra
PARÍS
1

  Natalia y yo llegamos a Paris a las tres de la tarde. Hace más de dos décadas estuvimos aquí con morrales y latas de conservas.  En aquella ocasión  viajamos desde Moscú en tren y caminamos sin rumbo fijo. Visitamos museos, plazas y nos sentamos en un café de los Campos Elíseos. Compartimos pan y sardinas con algunos mendigos. Charlamos con mochileros como nosotros y disfrutamos de todo con nada  sólo al recurrir a la ociosidad creativa como meta final. Al caer la noche  nos fuimos a la estación de trenes para dormir en bancos; y cuando los policías nos despertaban continuábamos soñando en el suelo.
En esta ocasión un taxi nos lleva del aeropuerto  hasta el Hotel  Le Franklin. Una chica delgada con lentes gruesos nos recibe. Es francesa de origen hindú. Habla bien el español. Nos orienta con algunas direcciones. Salimos y compramos algo para la cena: queso Rond des vignes con un olor espantoso pero muy sabroso, frutas y una botella de vino tinto. Cae una lluvia menuda.
El cuarto está decorado con una pintura en claroscuro: un hombre en el desierto le cambia una herradura a su caballo. Mientras tomo sorbos de vino leo de  Baudelaire El  spleen de Paris. Me interesa cuando habla de la angustia por la curiosidad. En efecto, la curiosidad es el motor de la vida, cuyo fin es el saber. Pero al saber que no todo lo podrás saber conlleva a la angustia.
En el poema El crepúsculo dice: “Cae el día. Una profunda calma nace en los pobres de espíritu”. Lógico, están cansados por el trabajo y deben reposar.  
 Para otros, en cambio, luego del trabajo para sobrevivir empieza el trabajo espiritual y con las primeras sombras viene  el tormento de pensar y lacerase el pecho y el cerebro con preguntas sin respuestas .Extenuados, con el sueño pisándoles los talones, están más confundidos que antes. Es la paradoja de los que se creen elegidos cuando se torturan con el pensamiento. Serán elegidos pero no felices.  Más  felices son los más ignorantes, aunque la posteridad (¿Qué es y para qué sirve?) luego les pase factura, según lo dijo Borges  en  Fragmentos de un evangelio apócrifo: “Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra”. En esa misma línea se insertan las palabras de  Oswaldo Vigas  cuando le preguntaron si creía en Dios. La respuesta no se hizo esperar:
-En el día, no; pero en la noche, sí.                                    
El poeta Enrique Mujica me dijo una vez: el verdadero trabajo para los poetas empieza precisamente cuando termina el día.

2
  La mañana es fresca y lluviosa. En el comedor del hotel hay un jardín tras gruesos cristales. Un verdadero bosque en miniatura con sus arbustos, grama y enredaderas en las veredas. Observas y escuchas campanadas lejanas, mientras la infancia vuelve en el recuerdo.
Natalia y yo damos un paseo entre las tiendas de frutas y cafetines. Un mendigo levanta una carpa sobre las rejas de un sistema de calefacción. Vamos al Metro. Las estaciones son un repaso de historia y filosofía: Robespierre, Voltaire, Buchenwald.
 En  Buchenwald se hicieron  experimentos médicos para probar vacunas sin importar los resultados fatales. Pero lo que más llama la atención en este campo de concentración  por su sencilla construcción y su infame y criminal uso es un madero para medir la estatura. El prisionero está confiado por encontrarse  en un recinto médico. Las batas blancas son sagradas, piensa. Tal vez,  luego será pesado; y el galeno y la enfermera   trazarán líneas sobre unos gráficos y determinará su estado nutricional. Se para contra el palo numerado sin sospechar que a la altura de la nuca el verdugo abre una ventanilla y dispara.
3
Nos sentamos en el café El Gimnasio, donde paradójicamente nadie se mueve y todos fuman y liban.
Nos detenemos en una librería al aire libre. Los libros son viejos y baratos; pero sólo hay dos en español: un método chino de adivinaciones y Diario de invierno de Paul Auster , del cual leo el principio y el fin: “Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro.”
“Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas de la cama y vas a la ventana. Tienes sesenta y cuatro años. Afuera, la atmósfera es gris, casi blanca, no se ve el sol. Te preguntas ¿Cuántas mañanas quedan? Se ha cerrado una puerta. Otra se ha abierto. Has entrado en el invierno de tu vida!”. Recuerdo a Adriano González León y su novela “Viejo”: Siempre es más fácil que a uno lo acepten por loco que por viejo.
   En la noche abrimos una botella creyendo que es champaña francesa pero resultó ser cerveza belga, espesa y amarga.
Continúo mi lectura del Spleen de Paris: La gran desdicha de no poder estar solos. Baudelaire cita a Pascal: “Casi todas nuestras desdichas  provienen  de no haber permanecido en el cuarto”. Entonces, necesitamos  una celda, un retiro para encontrarnos con  nuestro  propio espíritu.
 Me duermo y sueño con la librería al aire libre que vi en la mañana. Todos los libros están en español y yo buscó uno en francés.
4
Son las seis de la mañana. Todo está oscuro aún, pero hay gente en las paradas de buses. Cuando aparece más luz salgo a dar un paseo y siento el frío otoñal con sus vientos frescos. Las calles están semisolitarias. El cielo es de un azul claro con largos trazos blancos como caminos nebulosos.
Llegó hasta la calle Stalingrado, llamada así en honor de la batalla más sangrienta en la historia de la humanidad. Murieron más de dos millones de personas. Los soviéticos derrotaron a los alemanes y eso significó el principio del fin del nazismo en Europa.
Hombres uniformados en grandes carros lavan las calles. Las mangueras arrojan agua a muy alta presión. Las casas tienen ventanas que van del techo al piso muy bajas y sin rejas. Me detengo en  un estacionamiento de bicicletas  y observo como varios trabajadores plantan un árbol grande con mucho esmero y lo rodean con una caja de madera para protegerlo.
Muy cerca está la iglesia de San Paul, construida en el siglo XII. Está rodeada de palomas. Aquí están las campanas que interrumpen mi sueño para regocijo del espíritu porque  hacen más misterioso el silencio de la noche y agudizan la reflexión filosófica.
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Entramos al Metro y hacemos la pequeña cola para comprar los boletos. Me aparto para consultar algo con Natalia , e inmediatamente regreso a mi sitio. Un negro insolente me reclama y trato de explicarle que estoy en la cola desde hace algún rato. Sin embargo, insiste y sigue bramando. Prefiero guardar silencio para no decir lo que pienso en realidad y pasar por racista. Lo bueno de las lenguas romances es que siempre nos entendemos, especialmente cuando de ofender se trata.  Algo que dijo Mark Twain  me da fuerza y paciencia: Nunca discutas con un idiota, hará que te rebajes a su nivel y allí te ganará por experiencia.
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Desde que leí “Cazadores de microbios”, cuya figura estelar es Luis Pasteur, soñaba con visitar su instituto, centro de proezas en descubrimientos médicos. Sobre un mapa Natalia y yo buscamos su ubicación y todo parece conspirar alrededor de los asuntos hipocráticos: la estación Corvisart nos recuerda al médico personal de Napoleón, adelantado cardiólogo que popularizó la percusión para indagar con golpecitos en el tórax y otras cavidades acerca de los procesos internos fisiopatológicos. Los diferentes sonidos revelaban los  secretos y  la naturaleza del posible mal en tiempos cuando los dedos y los oídos eran los verdaderos y únicos instrumentos diagnósticos. La calle Brown-Séquard me remite a las clases de neurología y a un tipo específico de parálisis por lesión de la médula espinal.
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En la salida del Metro un violinista se dedica con devoción a su arte con la esperanza de convertirlo en trabajo remunerado a través de un platillo situado estratégicamente  en el suelo y sobre el cual ha tenido el especial cuidado de colocar algunas monedas por aquello de la atracción de los semejantes. La música es sublime y su hermosura se transforma en un tintinear para regocijo del artista.
8
Caminamos por el boulevard Pasteur, donde casi todo lleva el nombre del sabio: el café Pasteur, la farmacia Pasteur, etc. El suelo es una verdadera alfombra de hojas amarillas  de castaños y sus frutos. Nos acercamos a una pareja de  ancianos para indagar por el instituto. Les hablamos en perfecto español y ellos nos responden en perfecto francés:
-Alexander les explicará, nos dicen amablemente. El joven Alexander es el hijo de ellos y nos orienta con detalles sobre la dirección que buscamos.
Llegamos al Hospital  Saint Jacques, cerca del Instituto Pasteur, ejemplo  de la voluntad y fuerza de un colectivo  unido porque se fundó con la colaboración de la gente común para atender a los pobres. El hospital  en un principio aplicó tratamientos homeopáticos, por cuanto en Paris vivió y trabajó Samuel Hahnemann, el fundador de esa especialidad.
En el Instituto Pasteur laboró Jules Bordet  ,  descubridor del bacilo que produce la tos ferina e inventor de la vacuna contra esa enfermedad que en tiempos de mi abuela Matilde curaban con el agua que dejaba el burro. La abuela me contaba  que se le daba agua a un burro en una ponchera y la sobrante se la bebía el  niño enfermo. Ilia Metchnikoff , quien desempeñó labores directivas en la institución, descubridor de la fagocitosis ,demostró la función de los glóbulos blancos , lo que equivale a decir qué es el pus. Luc Montagnier, descubridor del virus del sida, es la cima del Instituto Pasteur.
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Regresamos. El  viento arrastra las hojas amarillas que se elevan en remolino; y de los castaños se desprenden frutos que recogemos. Natalia y yo nos sentamos en uno de los bancos del boulevard para pensar en nada y sólo contemplar la arbolada y el trajinar humano.
Entramos al Paraíso, un café cercano, y pedimos un plato de la casa para probar. Al cabo de un largo rato nos sirven unas pastas quemadas. Al salir volteo y releo el aviso y pienso que fue un error: han debido escribir Café El Infierno.
En el Metro un artista chino extrae de los instrumentos que lo rodean unas notas musicales de su país, creo. La música es bella y la gente se agolpa para escucharla.
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En la noche damos un paseo por la ciudad iluminada. Le Monde; Arco de Triunfo; el Túnel del amor y el recuerdo ingrato de la princesa de Gales; la Torre de Eiffel  y sus cambios de luces intermitentes sobre cuya estructura centenaria se detienen todas las miradas. Me pierdo entre la multitud bulliciosa y alegre y llego hasta un bosquecillo de abedules, castaños y arces.
Regresamos en bus. Una música suave, relajante, casi imperceptible acompaña nuestros pensamientos. Es de madrugada y las calles están casi solitarias; sin embargo, el chofer se detiene en cada semáforo. Alguno que  otro joven pasea distraídamente.
 El conductor se pierde y por largo tiempo no puede ubicar el hotel. Divagamos por el París silencioso de calles estrechas, limpias y llenas de flores para disfrute de todos nuestros sentidos. La incertidumbre es parte activa y necesaria de la vida. Lo no planificado, muchas veces, es más conveniente y hermoso que lo proyectado con prudencia cronométrica.
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Juan, un historiador mejicano, habla de Edith Piaf cuando ve la estatua de la famosa cantante y dice que algunas melodías las tomó Julio Jaramillo para sus canciones. En cierto modo-explica- el ecuatoriano copia el espíritu de los temas más sonados de Piaf. Son unas novelas rosas con amantes reunidos por Dios, pero después de la muerte; himnos a los amores perdidos y fogatas, cuyas llamas son alimentadas por los más ingratos recuerdos, porque la mejor manera de seguir viviendo es la práctica permanente del olvido. Termina su explicación cuando pasamos por el Museo del Muelle Branly con su edificio cubierto por el verdor de plantas trepadoras.
El guía habla del Hotel Dieu , el hospital más antiguo de Paris, donde funcionó la Facultad de Medicina. Recordé, entonces, mis clases de anatomía y la nomenclatura francesa, la cual identifica una enfermedad con el nombre de su primer descubridor. Precisamente en esa Casa de Dios  laboraron algunos  médicos gloriosos:  Xavier Bichat, el descubridor de los tejidos; Guillaume Dupuytren, famoso por describir la contractura de la mano que lleva su nombre; Armand Trousseau, quien notó del espasmo en la mano por falta de calcio cuando se mide la presión arterial con un  esfigmomanómetro; además, escribió sobre   la posibilidad de un cáncer cuando aparecen trombosis en lugares inesperados de manera recurrente.

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Desde el café Le Vauban se divisa la hermosa cúpula de Los Inválidos, donde descansa Napoleón. Allí, en medio de un ambiente de paz, Natalia y yo probamos la sopa francesa de cebolla con su rebanada de pan gratinado. En un tiempo este plato fue despreciado por considerarlo propio de cierto tipo de gente, por no decir gentuza: Maupassant lo incluyó entre los gustos gastronómicos de las prostitutas, borrachos y cazadores que solo tenían tiempo para frugalidades en medio de la noche en tabernas de mala muerte  o bajo una fogata, antes de que pasara a la mesa de monjes y reyes para luego descender a todo el pueblo.
 Apenas sales del café aparece una nube de africanos y  sus souvenires ; nos rodean con sus ofertas, las cuales proponen en el idioma del posible comprador porque son poliglotas limitados y  circunstanciales : de cualquier lengua saben cómo saludar y despedirse; así como también los números para realizar las informales y sumariales  transacciones comerciales .
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Estamos en el Louvre. Hace veinticinco años , cuando Natalia y yo   lo visitamos, mis pasos fueron guiados por el recuerdo de una asignatura que nos dictaba en el liceo de La Mercedes del Llano, Heleno Toledo, un viejo profesor  español. En Educación Artísticas debíamos dibujar las obras pictóricas o escultóricas  más prominentes de todos los tiempos. Por eso nos topamos con la Mona Lisa, el Código de Hammurabi y el Escriba Sentado, entre muchas otras.
 La diferencia con la visita anterior consiste en que ahora se puede fotografiar  la obra cumbre de Leonardo de todas las formas posibles, por lo que desaparecieron los vigilantes incómodos; sin embargo la colocaron muy alejada de los visitantes.
El Louvre lo recorremos tratando de sumergirnos, lo más posible, en ese estado de ebriedad recomendado por Baudelaire para no sentir el tiempo y sus consecuencias que al fin y al cabo nos enrumba inexorablemente hacia el callejón sin salida de la muerte. El bardo se refería no sólo al vino, sino también a otras formas de llegar a la embriaguez más sublime: la del alma, la cual se logra a través de la poesía y la práctica de la virtud en sus más amplias manifestaciones.
Entre salón y salón conversamos con algunos visitantes latinos, porque el buen diálogo es una de esas virtudes embriagantes. Hablamos de las paradojas repetitivas en dos grandes figuras del pensamiento filosófico: Voltaire y Rousseau: enemigos acérrimos en vida y ahora muy juntos en la muerte porque están sepultados ambos en el Panteón uno al lado del otro. ! Voltaire, ateo empedernido, mordaz crítico del cristianismo, con sus huesos en la antigua iglesia de Santa Genoveva !
¡ Rousseau admirado por su Emilio, el tratado filosófico  para educar a los hijos, a quienes  en la intimidad odiaba, y por eso abandonó a sus propios. Bondad por fuera, monstruosidad por dentro !
 Nuestras reflexiones  son interrumpidas por una advertencia: ¡Cuidado, en el Louvre hay carteristas! Pero estamos en Paris, la ciudad de la cultura, el amor, la elegancia y los eufemismos. Aquí no hay ladrones, sólo hay distraídos. Inmediatamente las mujeres se aferran a sus carteras y los hombres tocan sus bolsillos traseros.
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Nos detenemos ante los cuadros de Jacques-Louis David. No se puede hablar de la Revolución Francesa sin pensar en David, el pintor amigo de Robespierre. No se puede hablar del doctor Marat sin imaginárselo mortalmente herido en la  bañera, donde solía curar  su psoriasis, con un brazo caído, mientras el otro sostiene un escrito. Ni se pueden leer los Diálogos de Platón sin asociarlo con su magistral pintura sobre la muerte de Sócrates en acto de tomar la cicuta mientras sus discípulos acongojados escuchan sus últimos consejos. Pero, esos no son las obras que se exponen ante nuestros ojos. Aquí vemos el Rapto de las Sabinas, a Bruto recibiendo los cadáveres de sus hijos a quienes mando a matar por conspirar contra la República de Roma, a Napoleón en su coronación y el Juramento de los Horacios.
Los Horacios eran tres hermanos  trillizos de la  Antigua Roma que se enfrentaron a otros tres hermanos trillizos, los curiacos, de la ciudad   Alba Longa para evitar la guerra entre sus ejércitos. Vencieron los Horacios, quienes antes habían realizado un juramento.
 En alguna parte leí que Simón Bolívar pudo haberse inspirado en el cuadro de David sobre los Horacios para realizar su famoso Juramento del Monte Sacro.
Salimos. En un día soleado con vientos frescos. En los alrededores del Louvre descansamos bajo la sombras de los árboles. Palomas y gorriones saltan de un lado a otro. Unas urracas graznan a lo lejos. Nos detenemos en el Puente de las Artes convertido en Puente del Amor: en sus rejas son cerrados unos candados por los enamorados y luego las llaves son lanzadas sobre las aguas del Sena para que el amor sea eterno. Por aquí también se encontraron la Maga y Oliveira en Rayuela.
  Llegamos hasta el café Los dos Magos, lugar de encuentro de Verlaine, Rimbaud y Mallarmé. Allí conversamos sobre la Divina Comedia, Dante y el pensador de Rodin.
En la noche compramos una botella de champaña y salmón noruego para cenar. Regresamos a la tienda para buscar unas copas, porque es inaceptable beber champaña francesa en vasos de cartón. Con los primeros tragos recuerdo un cuento de Maupassant que me arrancó lágrimas en la adolescencia: Coco. Es la historia de un caballo anciano que es maltratado por un niño, quien no lo alimenta hasta hacerlo morir de hambre.
VERSALLES
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El día es claro y seco. Tenemos el cuerpo adolorido de tanto subir y bajar escaleras en el Louvre. Vamos al bosque de Bolonia poblado de lagos entre olmos, cedros y castaños.  Luego al bosque de Saint Cloud y más tarde  nos dirigimos  al Palacio de Versalles con sus extensos y hermosos jardines.
Las innumerables estatuas que nos remiten a la mitología griega, los estanques, las fuentes y la música clásica de fondo nos hacen creer que es cierto  lo afirmado por uno de los reyes franceses: aquí se pueden sostener charlas divinas. Se dice que el palacio se inauguró con recitales de poemas medievales y con el Tartufo de Moliere.
 Versalles fue la residencia de los Luises- dice el guía, y enseguida habla de ellos, sus gustos, costumbres y sus enfermedades, tema último que me atrae por razones obvias: Luis XIII inició la construcción y lo uso preferiblemente como coto de caza. Murió de la enfermedad de Crohn con dolores abdominales y diarrea. Tenía apenas 42 años. Para el Rey Sol, el verdadero constructor, el palacio fue una isla de placeres y de gran divertimiento real. Murió a los 76 años de una gangrena senil , que ahora sabemos pudo ser provocada por una trombo en una arteria esclerosada . Guy Crescent Fagon, médico y botánico, le diagnosticó ciática cuando se quejó de dolor en una pierna. Luis XV no tuvo mayor interés  en el palacio y se dedicó a la caza en los bosques de sus alrededores. Murió en 1774 a los 64 años de viruela. Su médico, Joseph La Martinière, famoso porque después participó en una expedición marítima alrededor del mundo que nunca regresó, lo trató   con sangrías: le cortaban las venas en la muñeca para que con la sangre derramada salieran los malos humores. En esa época la viruela era mortal en Europa, pero existían algunos métodos para evitarlas, practicados en las altas  clases sociales. Es seguro que La  Martinière los ignoraba. En 1796 Edward Jenner, médico inglés amante de las flores y los pájaros, inventó la vacuna contra la viruela, aunque no fue sino hasta 1805 cuando Napoleón ordenó la vacunación masiva de sus tropas.
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Cuando estábamos en la Galería de los Espejos, el guía empezó hablar de la fimosis de Luis XVI, pero inmediatamente cambió de tema para hacer comentarios sobre el barroco y el rococó. Sin embargo, sus disertaciones líricas fueron interrumpidas con un alerta: en los estrechos pasillos del Palacio  de Versalles también deambulan carteristas, practicantes de la tercera forma francesa de robar en Paris, es decir: sigilosamente, en silencio. Las otras dos formas pertenecen preferible pero no exclusivamente  a los gitanos: en la primera se acercan para que llenes una planilla bajo cualquier pretexto , y en la segunda te muestran una prenda y te preguntan si es tuya. El robo lo cometen cuando entran en confianza aplicando la tercera forma de hurto.
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PARÍS
 Sopla un viento frió y las urracas graznan. Pasamos por el túnel Ambrosio Paré, el padre de la cirugía moderna; en el puente de Mirabeau  recordé las tertulias  que sostuve con el Mocho Celestino Ledezma en Las Mercedes del Llano sobre este conde y su oratoria encendida que inflamaba los sentimientos revolucionarios de la plebe ; en la Plaza la Concordia no pude evitar evocar a mi padre, Alfonso Malaspina, quien me hablaba de la Revolución Francesa, de Rosbespierre  y Danton. El primero era una rata, según el segundo. Ambos murieron guillotinados. Danton fue ejecutado a instancias de su antiguo amigo Robespierre, a quien cuando le llegó su turno no le salían palabras porque la sangre de su compañero lo ahogaba…Eso eran los comentarios de mi padre. También hablaba  de que  el abuelo Michel Malaspina presenció una ejecución con guillotina y vio la cabeza rodar moviendo los labios. La guillotina era salvaje , cruel, decía el viejo… Pero apareció precisamente como un  método más humano para aplicar la pena capital. Para  evitar sufrimientos innecesarios al reo. Foucault en El cuerpo de los condenados habla  de las torturas a que fue sometido Damiens por atentar contra la vida de Luis XV: se le desvistió, su mano derecha fue quemada aplicándole azufre caliente, con unas tenazas al rojo vivo le arrancaron pedazos de carne y le pincharon las tetillas, sobre las heridas vertieron plomo líquido y cera hirviente. Amarraron sus extremidades a cuatro caballos para descuartizarlo, y como los equinos no lograban despedazarlo los verdugos cortaron las articulaciones y tendones con afilados cuchillos. Luego los restos todavía vivientes fueron lanzados al fuego. Por eso el cirujano Joseph Ignace Guillotin propuso recurrir a un artefacto antiguo que luego llevó su nombre para lograr una muerta rápida y digna. El aparato decapitador fue mejorado por una fabricante de instrumentos musicales bajo la dirección del Secretario de la Academia de Cirugía de París.
¿Acaso no es la guillotina en antecedente más remoto de la Medicina Paliativa, esa especialidad que procura evitar el dolor y los síntomas estresantes en los enfermos terminales?

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En la librería Shakespeare , frente a la Catedral de Notre Dame, con su piano, sus espejos y una vieja máquina de escribir, sólo puedes pensar en el cuento de Borges La Biblioteca de Babel. Los libros están en todas partes: en los estantes,  en los anaqueles, en mesas, en cada rincón, en las escaleras, en los estrechos pasillos. ¿Será esta estancia abarrotada de libros, colocados de todas las  maneras posibles una biblioteca barroca? La identificación con esta librería es superior a la que he tenido con cualquier otra, porque hay una atmósfera, un ambiente que te reconforta, y no es necesario  recurrir al psicoanálisis para entender que en fondo quisiera que mi casa fuese así: con todas sus paredes cubiertas de libros. Por aquí deambularon Sylvia Beach, Miller y Sartre y otros grandes de la literatura. Por eso los visitantes dejan sus escritos, sus papeles y sus libros. Lamento no cargar uno de los míos para abandonarlo entre los miles de tomos; una botella con una nota lanzada al mar sin ninguna otra pretensión que cumplir con un ritual tradicional de este sitio donde convergen los sueños de los amantes de la lectura.
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Una anciana camina por un parque. Viste un camisón rosado y arrastra los pies lentamente. La acompaña un gato negro, muy viejo con su pelaje raído y desgarbado, que lleva con un cordel. Ambos se detienen de vez en cuando .El gato levanta la cabeza hacia su ama, y luego siguen su triste tambaleante  paseo. Son dos ancianos que se entienden muy bien En alguna novela leí que la vejez no era una lucha sino una masacre. Veo a las montañas reducidas a migajas, como diría un sabio oriental, y recuerdo unos versos de  Safo :
Ya mi piel está arrugada por la vejez
y mis negros cabellos se tornaron canos;
débiles son ya mis manos, débiles mis rodillas
que no quieren llevarme.


20
Cae la tarde y poco a poco la ciudad se ilumina. Paseamos por el Sena. El barco se desplaza lentamente y cuando aparecen el Louvre y  la torre de Eiffel, uno de los mejicanos que nos acompañan en la mesa habla del determinismo geográfico y afirma que el Sena es la historia  viva de Francia porque en la medida que navegas los monumentos hablan por sí solos. Pero también puede ser la historia muerta- dice otro, bromeando- porque  a estas aguas lanzaron las cenizas de Juana de Arco, y Napoleón quiso que lo enterraran en una de estas riberas.
Nos sirven vino tinto Barón Duval que degustamos con salmón, mejillones y quesos. Natalia y yo brindamos. Entre copa y copa se habla de la Belle Époque cuando pasamos bajo un puente con sus acabados arquitectónicos majestuosos y adornados con unas estatuas de Pegasos.
Con las primeras sombras el Sena se torna rojizo, y a lo lejos se divisan candelabros y faroles.
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En este aposento sagrado se mezclan la religión, la historia, la filosofía y la literatura. Puedes orar, buscar las huellas de Napoleón, escuchar las campanas de Quasimodo y sentir el fuego de la pasión que inspiraba a Esmeralda.
Torres monumentales con grandes ventanales, arcos vitrales, bóvedas y paredes que algunos catalogan de sinfonía de piedras llenas de historia.
Los rayos del sol penetran los cristales coloridos para que Dios se manifieste a través de la luminosidad.  La deidad superior sólo existe de dos maneras: dentro del hombre, en la bondad; y fuera de él, en la luz.
“La catedral es el refugio hospitalario de todos los infortunios. Los enfermos que iban a Nótre-Dame de París a implorar a Dios alivio para sus sufrimientos permanecían allí hasta su curación completa. Se les destinaba una capilla, situada cerca de la segunda puerta y que estaba iluminada por seis lámparas. Allí pasaban las noches. Los médicos evacuaban sus consultas en la misma entrada de la basílica, alrededor de la pila del agua bendita. Y también allí celebró sus sesiones la Facultad de Medicina, al abandonar la Universidad, en el siglo XIII, para vivir independiente, y donde permaneció hasta 1454…”. Eso dice Fulcanelli en el Misterio de las Catedrales.
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Las campanadas me despiertan, pero ni siquiera veo el reloj para precisar la hora. El día es soleado y salgo a caminar. Hago un recorrido por muchas calles solitarias y llego hasta una tienda con pocos clientes. Regreso con un ramo de rosas: hoy es el cumpleaños de Natalia. Se las obsequio y  bromeo: le digo que no son rosas como otras, son rosas parisinas.
 Llegamos hasta el Barrio Latino .Recorremos las calles medievales repletas de cafetines y tiendas. En nuestro paseo pasamos por la Sorbona, el Colegio Francés y nos detenemos ante una estatua de Claude Bernard, el padre de la Medicina Experimental. Nos perdemos entre el tumulto  de gentes. Los expendios de comidas exponen en sus vitrinas con exquisiteces que abren el apetito: camarones cubiertos de salsas adornados, lechones en brasas, frutas de todos los confines del mundo; manjares que veo por primera vez…Miro al suelo y me encuentro con un pájaro muerto, como para  recordarnos que la vida tiene su contraparte segura, inevitable, la cual nunca debemos olvidar. El ave hermosa está con su pico hacia el cielo, sus alas extendidas y sus patas recogidas. Tengo ante mí una clara invitación para reflexionar en el propio  barrio de los intelectuales y de los bohemios que ha inspirado a muchos artistas. Murger, el apologista  de la bohemia dice  que la misma  es el examen de aptitud de la vida artística; es el prefacio de la academia, del hospital o de la morgue; y  remata que la bohemia sólo existe en París y no puede existir más que en París.
Nos sentamos en un cafetín y pedimos una copa de vino.
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Anoche leí hasta muy tarde “La incógnita del hombre”, de Alexis Carrel. Fue publicado en 1934 y ya se planteaba el problema  del conocimiento desde la perspectiva de la cantidad. Carrel dice: “El inmenso número de conocimientos que poseemos hoy día sobre el hombre, es un obstáculo para su empleo. Para que resulte utilizable, nuestro conocimiento debe ser sintético y breve”.

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PARÍS-CALAIS-LONDRES
Muy temprano salimos de Paris con un sol resplandeciente y con la  neblina  sobre los sembradíos. Vamos hacia Calais para tomar el barco a Londres. Como a las nueve de la mañana el cielo se nubla y una brisa mueve los árboles. Más tarde aparecen unos ríos lentos, unos anuncios gigantescos y un bosque de arces cruzado por una bandada de pájaros. Atravesamos pueblos con pequeñas casas de madera rodeadas de siembras de maíz.
Al transcurrir dos horas de viaje llegamos a  Arrás, la ciudad natal de Robespierre y por donde pasó Juana de Arco, ya prisionera, camino hacia la hoguera.
Ya estamos en Calais donde se encuentra el famoso grupo escultural Los Burgueses de Calais, el cual materializa las grandezas y  miserias del alma humana. Calais fue sitiada por los ingleses en 1346. La gente moría de hambre y sed. Eduardo III , rey de Inglaterra, propuso perdonar la vida a los habitantes si seis hombres notables de la ciudad se rindieran ante él, junto con las llaves de la ciudad, vestidos en camisón y con una soga amarrada a sus cuellos.
Seis ciudadanos ricos de Calais se ofrecieron para el sacrificio para salvar a sus conciudadanos. El rey los recibió e inmediatamente los mandó al patíbulo. Uno de los presidiarios le suplico que no lo hiciera porque ellos se habían entregado voluntariamente. El rey capto el gesto heroico de sus enemigos y se enojó más. Sólo se detuvo en sus intenciones vengativas cuando su esposa le suplicó, llorando, que perdonara a los presos, quienes más tarde, como en los cuentos de hadas, fueron liberados. Esta vieja historia habla de la ira de los hombres, su crueldad y  sed de venganza; pero también de su capacidad y posibilidad de detenerse ante un abismo.

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Ya vemos los acantilados en la costa de Dover: enormes rocas blancas, misteriosas e imponentes. El barco se detiene y una gaviota se posa sobre la proa. A lo lejos se divisa un castillo.  Son casi las cuatro de una tarde oscura. Las palomas parecen dormitar sobre las chimeneas.
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Llueve lentamente cuando entramos a Londres. Con la zurda tomaban las riendas del caballo y con la derecha la espada en tiempos medievales; y así es el tránsito en Inglaterra. Eso nos dicen. Después de pasear en la noche por la calle Piccadilly nos vamos a un pub o bar inglés con sus estantes de madera con bellos acabados repletos de botellas, barriles y sifones. Los ventanales con sus vitrales proyectan luces sosegadas. Con cerveza amarga y espumosa conversamos de La ratonera,  de Agata Christie , El fantasma de la opera de Gastón Leroux y la película Mary Poppins. No recuerdo porque abordamos los dos primeros temas, pero sí lo del film musical por lo de las chimeneas que aparecen en el mismo y que hoy en Londres tienen valor histórico y desde las cuales  se puede ver al mundo de otra manera, privilegio que sólo tienen o tenían los hollinadores , los pájaros y las estrellas, según el mencionado film.
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LONDRES
Son las seis de la mañana. El día es soleado con un viento fresco. Visitamos algunos sitios históricos: el Albert Memorial , el  Royal Albert Hall, la abadía de Westminster, el palacio de Westminster  y  Trafalgar  Square.
 En Hyde Park llegamos hasta el memorial de los animales caídos en guerras en las diferentes campañas británicas. Allí hay varias inscripciones, pero las más llamativas son estas: "No tenían otra opción" y "Su contribución no debe olvidarse nunca."
Nos hablan de las historias grandes cuando observamos la ceremonia de cambio de guardia en   el palacio de Buckingham., pero las que se graban en la mente son las pequeñas y curiosas: durante la Primera Guerra Mundial uno de los  sacrificios más difíciles del rey Jorge V consistió en no abrir sus bodegas de vino para dar el ejemplo a su pueblo con su abstinencia.
Un conjunto residencial tienen una modalidad digna de copiarse en nuestros pueblos donde la inseguridad reina: tienen plazas sólo para ser usadas por sus vecinos, quienes poseen las llaves de sus entradas.
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Luego de visitar los jardines de Grosvenor salimos de Londres. Bajo un cielo nebuloso a lo lejos se ven las cúpulas  de casas de piedra. La arboleda se combina con  mosaicos  de llanuras verdiamarillas  y algunos espacios claros. Entre las colinas algunos pastores acompañan a sus ovejas. Las aldeas apacibles con sus casas y sus callejuelas limpias y solitarias parecen salidas de cuentos infantiles. Vemos bosques, granjas y arroyos. Entre algunos sembradíos se elevan unos árboles violetas. Luego, unos muros de piedra cubiertos de enredaderas multicolores dan paso a unos pinos detrás de los cuales se esconden unas pequeñas torres. Al frente, unas ovejas pastan.
Unas casas tienen chimeneas  muy elevadas,  techos oscuros y fachadas con flores colgantes multicolores y placas o tablillas, seguramente con anuncios. Una vivienda se destaca por su jardín, en cuyo centro hay un lago con pequeños puentes de madera.
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WINDSOR
Camino hacia Windsor entramos a Datchet, pueblo del Támesis donde vivió William Herschel, músico y astrónomo descubridor de Urano. En su jardín construyó un telescopio, con el cual “rompió la barrera de los cielos”. La familia real le puso un sueldo para que viviera en Windsor y así poder ver también las estrellas con los instrumentos y lentes del científico; porque para eso vivimos, decía Tales de Mileto: para observar el cielo.
Antes de entrar al castillo paseamos por los jardines entre olmos y castaños. En una de las entradas de esta gigantesca construcción medieval está un soldado de la guardia de honor con su armamento reglamentario: muy alto, inmóvil, con pantalones oscuros, camisa roja, enormes zapatos negros y con la cabeza cubierta con un gorro negro invernal. La gente se toma fotografías con el soldado, y a pesar de una inscripción que prohíbe tocarlo, algunas mujeres se le acercan más de la cuenta y colocan sus manos sobre sus brazos, y hasta sus senos, en un intento pueril de constatar que  no es una estatua.
En el interior del castillo nos piden poner atención a los arcos y ventanales, incluso antes de detenernos ante algunas pinturas de famosos artistas. Entro a la Capilla de San Jorge y sólo quiero ver la tumba de Enrique VIII. En mi mal inglés le pregunto a una monjita que me encuentro en el camino. Me orienta en mi búsqueda y me sorprendo porque la misma está en el suelo a merced de las pisadas de los visitantes. La monjita nota mi sorpresa y se sonríe, mientras asimilo el momento:!Aquí está, bajo mis pies, el rey obeso de rica vestimenta que conocí en el  bachillerato y  despertó mi curiosidad, admiración y rechazo por sus desmanes! La vida es nada, o tal vez un poquito más allá: una ilusión.
   Salimos a dar una vuelta por la ciudad y entramos al pub con nombre elocuente: Los duques de Cambridge. Aquí hay una enorme fotografía del príncipe Carlos con su falda escocesa alzando una copa cuando visitó este bar. Natalia y yo brindamos con cerveza amarga.

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LONDRES
 La mañana es oscura, fría y con fuertes vientos. Vamos a la Torre de Londres, en cuyo foso, vestigio medieval defensivo, hay una red de amapolas rojas de cerámica para recordar a los caídos durante la Primera Guerra Mundial. Este  lugar  está lleno de historias reales y fantasmagóricas: aquí fueron ejecutados Ana Bolena y Tomás Moró, entre otros grandes personajes.  De Ana, la segunda esposa de Enrique VIII, se comenta que deambula por las noches, luego de ser decapitada, con su cabeza en los brazos.
Los cuervos vuelan de un lado a otro en los patios de la torre. Están muy bien amaestrados y en la noche regresan por las escaleras a sus cubículos en orden asombroso. Los cuervos son una tradición supersticiosa del alma inglesa: mientras vivan se mantendrá la monarquía.
 Luego de visitar las deslumbrantes joyas de la Corona, paseamos por la calle Oxford. Aunque no es diciembre hay luces navideñas.
Cerca del hotel donde nos hospedamos está una estación de Metro y en sus alrededores varios comercios donde se consiguen productos rusos y polacos. Compramos cervezas porque la tarde es calurosa.
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   Recorremos el Museo Británico, fundado por un médico coleccionista: Sir Hans Sloane . Cuando estudiaba en Moscú en las clases de filosofía nos hablaban de los estudios que Marx y Lénin realizaron en estos espacios. La mayoría de los servicios son gratis. Esa peculiaridad económica explica los días enteros que pasaba Rimbaud en estas salas en los inviernos londinense por la calefacción y la tinta que le proporcionaban para escribir sus versos.
Nos detenemos ante los Mármoles de Elgin  o piezas del Partenón. Aquí nos explican que a veces nos han enseñado la  noción errada e  idílica de la democracia ateniense; no obstante, los motivos reflejados en los frisos del Partenón demuestran que la vida en aquella época  del siglo V antes de  Cristo, en realidad no “eran paseos entre olivos llenos de sabiduría”, sino que estaba signada por el miedo a las guerras y a la ira de los dioses.
Hoy nos hemos  degradado en nuestros miedos al bajarnos del cielo: no tememos a los dioses, sino a los hombres, y más aún: a los delincuentes comunes.
Me intereso por la piedra Rosetta  y las momias egipcias. Más adelante está una exposición de momias de gatos, pero no llegamos hasta allí.  Natalia y yo Vamos a los cafetines que están en la entrada del museo. Hay un sol radiante para disfrutarlo al  aire libre con alguna bebida refrescante.
Uno de esos pensamientos, de los miles que nos cruzan a diario el cerebro, me viene. Recuerdo que estoy leyendo a Herodoto, quien cuando habla de Egipto menciona a  Bubastis, la ciudad donde se adoraba a los gatos. Hay nimiedades que a veces nos aturden con desproporcionada fuerza hamletiana : ¿subir o no subir nuevamente las inmensas escaleras del museo hasta los gatos embalsamados? Natalia dice que debemos subir porque no sabemos cuándo tendremos otra oportunidad.
Vencemos el cansancio y subimos hasta las momias felinas.
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 Soñé que un amigo de mi padre estaba enfermo y sería sometido a una intervención quirúrgica. No recuerdo el nombre de ese amigo, quien en el sueño se presentaba como un anciano de cien años.
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La mañana es fría y oscura con neblina. En el desayuno nos sirven muchos hongos preparados de muy variadas maneras. A las siete salimos de Londres. Un sol opaco se esconde entre nubarrones y cubre los campos donde pastan más ovejas que vacas. Casi a las nueve desaparece la neblina para dar paso a  un cielo claro y se siente un poco de calor.
A las diez nuevamente oscurece y un poco de tiempo más estamos en Folkestone, ciudad natal de William Harvey, descubridor de la circulación sanguínea.
En aquella época, hace más de cuatrocientos años, las ideas de Galeno  eran indiscutibles, por su autoridad y fama: decía  que la sangre venosa era producida constante e ilimitadamente en el hígado   y la arterial en el corazón.  Harvey hizo  un conteo y supuso que era imposible que el organismo produjera casi seis mil litros de sangre por día. Recordó el ciclo del agua, en el  cual el líquido es el mismo reciclado en una especie  de círculo: de la tierra se evapora, va  a las nubes y regresa con las lluvias. Está observación de un fenómeno de la naturaleza, le permitió, por simple comparación,  descubrir la circulación de la sangre.

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Pasamos el Eurotunel  en bus.  Muchos pensaban que podíamos ver vida marina en esa travesía subterránea del canal de la Mancha. Ingenuamente se prepararon para ver peces multicolores y gigantes acuáticos; pero no se  observa nada.
La gente simplemente sale, conversa en pequeños círculos o simplemente  camina por los pasillos herméticos del tren o trasbordador, sobre el cual están los automóviles.
Me acerco a una de las tertulias. Se habla de las religiones. Juan, el historiador mejicano, le pregunta a un señor que se declara ateo:
-¿A quién se dirige o invoca usted cuando está en dificultades? Yo digo ¡Dios mío, ayúdame!
Inmediatamente se escucha la respuesta:
-Dios es mi mente, mi fuerza de voluntad para enfrentar las circunstancias adversas.
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BÉLGICA
  Estamos de vuelta en  Calais a través de una carretera, a cuyos lados hay sembradíos, molinos de vientos y lagos con cisnes, pero sin el balet. En unos minutos llegamos a Dunkerque, ciudad famosa por la operación Dinamo durante la Segunda Guerra Mundial y que permitió la evacuación de más de trescientos mil soldados británicos, franceses y belgas en 1940. Los alemanes se detuvieron a las puertas de la ciudad, y esa inexplicable acción permitió la salvación de los militares aliados. El hecho ha pasado a la historia como el Milagro de Dunkerque.
En instantes cruzamos la frontera y entramos a Bélgica. El sol resplandece en todos los confines .El termómetro marca 23 grados centígrados.


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 Al llegar a Brujas, la ciudad de los puentes y canales, Natalia y yo decidimos pasear sin ningún guía por las calles  empedradas. Caminamos hasta el Lago del Amor, cuya leyenda recuerda a una joven, Minna, quien huyo para no casarse con un hombre que le imponía su padre. Los automóviles se confunden con las bicicletas y las carretas tiradas por caballos. Entre plazas, jardines y monumentos hay tiendas con todos los tipos de mercancías y  para todos los gustos. Las más visitadas son las de chocolate. En las esquinas los pintores trabajan y ofrecen sus obras, a las cuales todavía dan las últimas pinceladas.
Los canales representan cuadros de diferentes luces y matices. A veces se proyectan bajo una gran claridad; otras, reflejan un gran verdor por la arbolada que cubre sus costados.
Cercano a uno de los canales está el imponente hospital de San Juan, una construcción medieval de ladrillos  con chimeneas y  faroles. Allí fueron recluidos los enfermos en tiempos cuando la medicina era más oraciones que tabletas, aunque tenía su jardín de hierbas medicinales.
El movimiento vivo de la ciudad contrasta con el correr tranquilo de las aguas de los canales. Los carruajes tienen una parada final donde los caballos descansan. Hay un grifo del cual los hombres se abastecen de agua para sus animales. Luego de transitar por muchas calles entramos a la Catedral de San Salvador para en silencio contemplar las pinturas y retablos.
En las afueras de la catedral la gente descansa y nosotros esperamos a nuestros compañeros de viaje.
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GANTE
En algunos minutos llegamos a Gante, morada de los antiguos celtas, y entramos a la Catedral de San Bavón. Bavón fue un hombre rico, malvado en su juventud. Se arrepintió de sus fechorías y viajo mucho como monje evangelizador para terminar viviendo en un bosque en el hueco de un árbol. Es el santo patrono de Gante.
  En la Catedral hay muchas pinturas de artistas famosos como Rubens; sin embargo, la gente se agolpa alrededor del retablo “La adoración del Cordero Místico” de  Jan van Eyck. Un monje muestra el cuadro y se dispone a cerrar la capilla donde se exhibe. Señala el reloj de su muñeca para indicar que ya es tarde. Hay un forcejeo y un cruce de palabras, luego de las cuales el hombre de la sotana cede y alcanzamos a contemplar la obra religiosa. El Cordero Místico es el cuadro (en realidad son varias tablas con muchas escenas bíblicas) más robado en la historia del arte: sus tablas fueron separadas para esconderlas de la ira iconoclasta de Calvino, Napoleón se lo llevó para exponerlo en el Louvre, pero Luis XVIII lo devolvió. Unas de las tablas del recuadro aparecieron en Berlín, las cuales regresaron a Gante después de la Primera Guerra Mundial. Los hitlerianos escondieron el cuadro en una mina de sal…
Nos dicen que este aposento de Dios fue bautizado Carlos V, el emperador español, nacido en Gante hijo de la reina Juana, llamada la Loca, quien se encontraba en la ciudad buscando mejores aires para sus males psiquiátricos. Algunos afirman que el epíteto de loca era un pretexto para apartarla del poder político; no obstante, el posterior comportamiento de Juana cuando murió su esposo ponen en duda que estuviera en sus cabales: deambuló por tierras de España transportando el cadáver de Carlos V durante ocho meses y por las noches, como para imprimirle con la oscuridad más misterio a una acción de por sí tétrica. 
Se  conversa en el sagrado recinto de las relaciones entre  Carlos y su madre que demuestran que las luchas por el poder político se sustentaron en este caso en el atropello por encima del amor familiar.
Llegamos hasta la plaza de Lieven Bauwens, empresario belga del siglo XIX, quien trajo la industria textil al país. Fue alcalde de la ciudad y amigo de Bonaparte.
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BRUSELAS
En la noche llegamos a Bruselas y damos un paseo por entre algunas ruinas del Imperio Romano antes de llegar al Manneken Pis, el niño de bronce que orina en la fuente. El niño que orina que vemos es de nuestros tiempos, pero uno similar ya era conocido desde la Edad Media para representar la libertad, porque el infante se orinó sobre tropas enemigas, las cuales perdieron la batalla. También se dice que un niño evitó una explosión cuando orinó sobre la mecha de un barril de pólvora durante un asedio a Bruselas.  Otra leyenda dice que un niño se perdió y el padre lo encontró orinando y decidió hacerle una estatua. Pero algunos discrepan de semejantes  sesudas disquisiciones y simplemente afirman que es parte del surrealismo y del humor belga ´porque el niño forma parte de grandes fiestas con música,  se le disfraza de diferentes maneras, y entonces puede orinar vino y cerveza.
Nos  dan una explicación sobre la cerveza  Kwak : debe tomarse en un vaso que fue especialmente diseñado para los cocheros con guantes, en tiempos de las carretas tiradas por caballos.
Juan Fernández del Campo, el amigo mejicano, habla del sentido de los viajes, los cuales deberían ser parte obligada de la formación académica, dice. Quien viaja, amplía la esfera de sus conocimientos y no se encasilla en sus razonamientos. Empiezo hablar de literatura, pero Juan, que es historiador, me dice que la literatura es una forma de evadir la realidad. Recuerdo una frase de Francis Bacon: la poesía es vinum daemonum (el vino de los demonios), porque llena la imaginación y sin embargo no es más que la sombra de una mentira. Giramos la conversación hacia otros temas y hablo de Vesalio, el padre de la Anatomía. Juan trabaja en la Biblioteca Palafoxiana  de Puebla, y dice que tienen un ejemplar original del libro de Vesalio “De humani corporis fabrica”, publicado en 1543 y considerado el bastión innovador de la Anatomía. Prometió enviarme una fotografía de ese ejemplar casi incunable, y en efecto me la envió.
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Caminamos hasta la Plaza España de Bruselas. Allí está un complejo escultórico dedicado a Don Quijote y Sancho Panza, el primero sobre Rocinante, por supuesto,  y Sancho sobre su jumento. El Quijote fue uno de los primeros libros que me leí. Desde los  doce años yo solía visitar la librería de doña Yole, allá en Las Mercedes del Llano. En ese recinto de libros, papeles y lápices vi  un tomo preciosamente empastado. Tenía unos jinetes en la portada. “Es un libro de aventuras. Muy bueno. Te encantará. Vale cinco”, dijo  Doña Yole, y me lo dio para hojearlo. Por varias veces  me acerqué a  la tienda para observar el libro en el estante. Aún no reunía el dinero. Un día Doña Yole me dijo: sé que vienes por el libro, ¿cuánto tienes? Tres, contesté tímidamente. Llévatelo, fue la respuesta. Desde entonces colecciono ejemplares de El Quijote.
Natalia y yo nos sentamos bajo las esculturas del caballero y su escudero, llenas de grafitis en sus bases, para hacer una pausa y meditar. Recuerdo algunas anécdotas relacionadas con Don Quijote.
Cuando al doctor Thomas Sydenham (1624-1689), llamado el Hipócrates inglés, le preguntaron qué se necesita para ser buen médico, inmediatamente contestó: la primera condición es leerse a Don Quijote de la Mancha. Dostoievski, el padre de la novela sicológica, una vez dijo: si en el Más Allá me preguntan qué ha hecho el hombre, guardaré silencio y mostraré un ejemplar de Don Quijote. Según Arturo Uslar Pietri, Simón Bolívar revolucionó la lengua española por sus conceptos precisos y sus apreciaciones e interpretaciones geniales en el momento exacto. Cuando el Libertador llegó a su última morada, a la Quinta de San Pedro Alejandrino, indagó por libros a su dueño, don Joaquín de la Mier, quien le contestó apenado: mi biblioteca es muy pobre. Bolívar, luego de revisar el estante con los volúmenes, expresó: su biblioteca es muy rica, tiene a Rousseau, que describe al hombre como es, y a Cervantes que en su Quijote describe al hombre como debería ser.
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Allí mismo en la Plaza España está ubicada una estatua del compositor Béla Bartók, quien solía visitar Bruselas. Confieso que no lo conocía y por eso investigué sobre su vida y busqué su música para escucharla y apreciarla. Bártok (1881-1945) era rumano. La estatua, de bronce, se inauguró en 1995 con motivo de los 50 años de su muerte. Estudió y difundió la música folclórica de Europa Oriental. Era un genio: diferenciaba los tipos de música antes de empezar hablar y tocaba el piano antes de los cuatro años. Vivió un tiempo en Ucrania al morir el padre. A los nueve años ya era compositor, y a los once daba conciertos. Se dedicó al folclore cuando escuchó a una niñera cantar canciones folclóricas a los niños. Este hecho demuestra una vez más que nuestras inclinaciones y preferencias en la vida son sólo consecuencias del azar en la mayoría de los casos. Bártok empezó visitar pueblos para indagar sobre su música al mismo tiempo que llega al ateísmo. Quién sabe cómo llegó hasta allí. ¿Conociendo a la gente más humilde en sus creencias más sencillas e incomprensibles por la falta de lógica? Pero luego será unitarista: creer en solo dios y negar la trinidad. Durante la Segunda Guerra Mundial se negó a colaborar con los nazis y les prohibió que usaran su música. Mientras escribo escucho su música y reconozco que jamás había escuchado semejantes sonidos, los cuales me parecen primitivos. Bueno, no conozco de música en general; no obstante Bártok está catalogado como uno de los genios musicales del siglo XX. Cuando enfermó de leucemia no aceptaba ayudas por considerarlas limosnas y solicitaba trabajo para solventarse por su propia cuenta. Estaba al borde de la muerte, pero mantenía intacto el sentido de la dignidad.

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En la Plaza del Ágora hay una diversidad de tiendas, cafés y cervecerías. Artista de calle tocan sus instrumentos. El nombre, Ágora, tiene una evocación directa hacia el mundo griego: reunión de ciudadanos para intercambiar no solamente opiniones políticas sino también para hacer sus transacciones comerciales y realizar actividades culturales. Llama mi atención la estatua de un hombre anciano sentado  con un libro y acariciando un perro. Inmediatamente se establecen asociaciones entre la intelectualidad y el amor hacia los animales. Se trata de Charles Buls, un hombre de la cultura y de la política belga que fue alcalde de Bruselas entre 1881 y 1899. Estudió bellas artes, sabía varios idiomas y obtuvo una gran formación cultural a través de sus viajes por Europa.

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Vamos al parque de Heysel con un solo objetivo: contemplar un átomo del elemento hierro, aumentado 165 mil millones de veces. El Heysel es un parque de Bruselas construido en 1935 para realizar exposiciones internacionales. El grupo escultural, construido en 1958, dedicado al hierro se llama Atomium, tiene un poco más de cien metros de altura. Cada esfera mide 18 metros. Cerca hay una fuente que refresca el ambiente.
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En la Gran Place de Bruselas vemos una estatua de un hombre acostado, aparentemente dormido. La gente se acerca y la toca. De lejos me pareció que la estatua era de Cristo porque hay unas pinturas y esculturas que representan a Cristo ya bajado de la cruz. Ya de cerca notamos que se trata de Everard t'Serclaes, según la tablilla explicativa. Cumplimos con el ritual de tocarla y averiguamos lo que corresponde  sobre ese monumento.  Everard t'Serclaes (1320- 1388) fue un bruselense que liberó a su ciudad en la Guerra de Sucesión del Ducado de Brabante (1356-1357), escalando muros, pero luego fue asesinado. La estatua lo representa muerto, y quien la toca tendrá buena suerte y regresará a Bruselas. Pero hay una leyenda más: tocarla sirve para la buena suerte, contraer matrimonio y hasta divorciarse. Todo depende de que parte de su cuerpo se toca. Tocar un brazo es para lo primero, de la cabeza a los pies para lo segundo, y de los pies a la cabeza para lo tercero.
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Estamos en el Parque Cincuentenario, inaugurado en 1880 para celebrar los cincuenta años de la independencia de Bélgica. La gente busca el arco de triunfo, levantado en 1905, para las fotografías. Aquí están ubicados muchos museos, hasta hay uno de las pasiones humanas para recordar que la vida es una combinación de momentos felices y amargos. Podemos agregar un pensamiento de los estoicos: hay que vivir y aceptar el mal porque a través de él comprendemos el bien  en su esencia más genuina.

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La Grand-Place de Bruselas es un espacio rodeado  de casas gubernamentales. Cuando la visitamos había una feria de la cerveza y por eso en la plaza se colocaron barandas adornadas con muchas flores y ramas de lúpulo. Nos comentan que esta planta se usa, desde tiempos inmemoriales, para preparar la cerveza por sus propiedades conservadoras del líquido. Más tarde se supo que  esas supuestas propiedades son comparables a las de los antibióticos. No es casualidad que aquí se encuentra un museo de la cerveza.
 La Inquisición usó la Grand-Place para colocar sus hogueras y quemar a quienes consideraba herejes.
Caminando entre edificios majestuosos con detalles preciosos de diferentes épocas y estilos, adornados con estatuas de personajes de la historia belga, nos encontramos con una casa donde vivió Víctor Hugo. En ella  terminó de escribir su monumental obra Los Miserables.

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Partimos hacia Malinas, ciudad muy antigua situada en la región de Flandes. Antes avistamos el canal marítimo sobre el río Escalda, sobre cuyas aguas se extiende una espesa neblina. Malinas es famosa porque aquí vivió el abuelo de Beethoven y por la leyenda del incendio de la torre de la catedral de  San Romualdo en 1687. Un borracho dio la voz de alarma e inmediatamente los vecinos dirigidos por el alcalde trataron de apagar el fuego  subiendo agua en baldes  por las escaleras. Pero el fuego no era tal. Esa noche la luna proyectaba un color rojizo sobre la catedral que provocó la confusión del borracho de marras.  El alcalde avergonzado pidió  silenciar el hecho, pero la voz se corrió por todas partes como una anécdota jocosa. Desde entonces a los habitantes de Malinas se les llama los “apagalunas” o “extintores de la luna”.
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Llegamos a la ciudad Amberes, cerca del río Escalda. El tiempo  es oscuro y fresco.  Según la leyenda Silvio Brabo fue un   soldado romano que mató al gigante Druon Antigoon, quien  no dejaba pasar a la gente por el puente en el río Escalda si no le pagaban y le cortaba una mano al capitán del barco. Brabo, después de matar al gigante  le cortó una mano y la lanzó al río. De allí viene el nombre de la ciudad porque Amberes significa “la mano que lanza”. Una estatua  en la ciudad plasma esa acción mitológica.
La ciudad es tan pequeña que se recorre a pie, pero la gente anda en bicicletas, las cuales son suministradas por la municipalidad. Cada uno la usa por un corto trayecto y la deja en una parada para que la use otra persona.
En Amberes vivió y trabajó el famoso pintor Pedro Pablo Rubens, quien hizo retratos de musas exuberantes, como la de los cuadros El Abrigo y Las tres gracias en los que la obesidad es sinónimo de riqueza, bienestar, salud y belleza. En aquellos tiempos las dietas y el peso corporal no eran preocupaciones para la gente.
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Róterdam es una ciudad muy antigua con grandes edificios y un puerto enorme. Cualquiera la conoce de oídas porque allí nació un gran humanista, cuyo nombre se le asocia indefectiblemente: Erasmo de Róterdam. Erasmo escribió “Elogio de la locura”, una obra que muchos han resumido en pocas palabras: sólo los estúpidos son felices. Gustave Flaubert dijo: “Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos.”
 El libro lo concibió mientras viajaba a caballo de Italia a Inglaterra. En el texto de mi biblioteca en vías de extinción he subrayado algunas frases:
-La vida humana  no es otra cosa que un juego de necios.
-El necio no conoce más que los hechos.
-La vida humana es una comedia como otra cualquiera, en la que cada uno sale cubierto  con su máscara a representar su papel respectivo, hasta que el director de la escena les mande a retirarse de las tablas.
-El pueblo es una enorme y poderosa bestia.
-…El médico vale más que muchos hombres, porque a los de este oficio, cuanto más ignorantes, audaces e indiscretos son,  en mayor aprecio se los tiene aún entre la gente principal; y así puede afirmarse que la Medicina, especialmente tal como la ejercen hoy muchos, no es otra cosa que el arte de  agradar a su enfermo, en tanto grado como pueda serlo la retórica  con respecto a su auditorio.
-…Están más lejos de la felicidad aquellos que cultivan el saber…
-…Los menos desdichados son aquellos que más se aproximan a los instintos de los brutos y a la necedad…
-Mientras más necia es una persona más feliz es…

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Camino hacia La Haya entramos a Delf, ciudad que asocio inmediatamente a un nombre y a un instrumento: Antonio Van Leeuwenhoek y su microscopio, el cual mejoró para hacer descubrimientos sorprendentes en el siglo XVII: demostró la existencia de un mundo invisible al ojo humano, el de los seres extremadamente pequeños, ahora denominados microscópicos.
 Él comenzó a observar bacterias y protozoarios, sus "animálculos muy pequeños," que él podía aislar de diversas fuentes, tales como agua de lluvia, charcas  y la boca y el intestino humanos.  Concluyó que los objetos móviles  que él vio a través de su microscopio eran  pequeños animales. Él registró estas observaciones en su diario.
 Él descubrió  "animálculos"  hasta en sus propios  dientes. Se despertaba en la mañana, se sacaba material de sus dientes y  observaba bajo el microscopio unos animalitos. Luego tomaba una bebida caliente y constataba que al sacar nuevamente material de sus dientes, los animalitos desaparecían. La pasta dental, tal y como la conocemos ahora, todavía no se había inventado.
El primer capítulo del extraordinario libro de  Paul De Kruif “Cazadores de microbios” está dedicado a Leeuwenhoek. Ese libro lo recomiendo a todos los estudiantes de Medicina, y en general a todo universitario, y sus primeras palabras  son impactantes: “Hace doscientos cincuenta años que un hombre humilde, llamado Leeuwenhoek, se asomó por vez primera a un mundo nuevo y misterioso poblado por millares de diferentes especies de seres diminutos, algunos muy feroces y mortíferos, otros útiles y benéficos, e, incluso, muchos cuyo hallazgo ha sido más importantísimo para la Humanidad que el descubrimiento de cualquier continente o archipiélago”.
Luego dice: “Antonio van Leeuwenhoek nació en 1632, entre los azules molinos de viento, las pequeñas calles y los amplios canales de Delft, Holanda”.
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Estamos en La Haya, dice el guía; y luego agrega: pero no tenemos parada. Le digo que no puedo pasar por La Haya sin ir al Mauritshuis y contemplar “La lección de anatomía” de Rembrandt. No está en el programa, responde. Discutimos amablemente. Le digo que soy médico y siempre he soñado con mirar esa pintura.  Claro que sé  que eres médico, dice en alusión al hecho de que le he recetado para su lumbalgia y Natalia lo ha inyectado. En agradecimiento cede y nos detenemos frente a la famosa galería de pinturas.
Atravieso salas pequeñas con pisos de madera y paredes forradas con telas. Llegó hasta la Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp. El famoso doctor Tulp explica a sus discípulos anatomía con el cadáver de un hombre que fue ahorcado, ese mismo día de la lección, por ladrón. Las disecciones eran espectáculos públicos que se hacían en los teatros. (Las conferencias de anatomía en mis tiempos de estudiante de medicina se realizaban en un anfiteatro, y en la cátedra estaba una copia de La lección de anatomía del doctor Tulp con una leyenda: Aquí los muertos ayudan a los vivos). En la época de Rembrandt (1606-1669) se cobraba  entrada para ver cómo se descuartizaba un cadáver. Un brazo del modelo de la Lección es más grande que el otro, seguramente con fines pedagógicos. Los cirujanos de la pintura estudian con el libro de Vesalio De Humani corporis fabrica (De la estructura del cuerpo humano). Juan, el historiador mejicano, dice tener una copia original de ese famoso libro en la biblioteca de Puebla, donde labora.
Salimos. En las afueras del museo hay una copia gigante de la Lección de Anatomía con la peculiaridad de que puedes colocar tu rostro y formar parte del cuadro de manera truculenta.
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En el Mauritshuis hay muchas obras de renombre, pero para nosotros no hay tiempo de hacer un recorrido exhaustivo. Por eso nos conformamos con lo que está más a la vista y que delata el inmenso número de visitantes. “La joven perla” (1665-1667) es una de esas pinturas que todos quieren ver.  Esta pieza  del pintor holandés Johannes Vermeer es comparada con Mona Lisa y representa a una muchacha con un turbante y  sarcillo de perla. La joven  mira al público atenta y tímidamente.
Particularmente pienso que la belleza del cuadro radica en que la mujer, precisamente, no es una belleza; pero el arte va más allá y refleja la belleza espiritual en sus rasgos  sencillos y en la mirada penetrante, vaticinadora de su destino: ser admirada y apreciada por las generaciones futuras.
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La Corte Internacional de Justicia es nuestra próxima parada. Es una dependencia judicial de las naciones unidas. Esta instancia dirime y examina problemas que surgen entre los países y hace aclaratorias jurídicas.  Los particulares no tienen arte ni parte ante esta corte, sólo los estados.
La Corte funciona en el Palacio de la Paz, cerca del cual está un fuego eterno denominada Llama de la Paz con los nombres de todos los países del mundo.

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Pasamos por Leiden antes llegar a Ámsterdam. En esta ciudad nació Rembrandt y murió   Boerhaave. Este último fue un destacado médico holandés del siglo XVI, conocido en toda Europa  por sus aportes clínicos. Trabajó en la Universidad de Leiden.
El nombre de Leiden lo escuché por primera vez cuando estudiaba  en bachillerato. En el laboratorio de física estaba un recipiente llamado “Botella de Leyden” para hacer experimentos sobre electricidad. Pieter van Musschenbroek, un físico y filósofo holandés inventó ese instrumento que acumula electricidad; y que nosotros, estudiantes imberbes, manipulábamos con curiosidad para ver cómo se movían unas láminas dentro del mismo.
Esta es la ciudad de las llaves, símbolo que proviene de San Pedro, quien porta las llaves del cielo. Es también la ciudad de los canales circulares, los molinos, los parques y los museos.
En 1866 ocurrió una de las últimas epidemias de cólera, y por eso se construyó el Hospital Académico para atender a los enfermos. Y hablando de enfermos, aquí en Leiden nació una de las primeras asesinas en serie conocidas: Goeie Mie. Cuidaba niños enfermos y los envenenaba para cobrar un seguro médico. Para 1883 había envenenado 27 niños con arsénico y fue descubierta tratando de envenenar 50 más.
Aquí está ubicada la Casa de la Peste para aislar a los pacientes que padecían la peste bubónica y que desde tiempos inmemoriales arrasó con la población europea.
En las iglesias y otros edificios de la ciudad habita un insecto que destruye las estructuras de madera. Es el escarabajo del reloj la muerte, llamado así porque emite un sonido similar al de un reloj: tic tac. En las noches los que cuidaban a los enfermos moribundos escuchaban ese sonido y lo relacionaron con la muerte de esos pacientes.

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Llegamos a Ámsterdam, la ciudad de la tolerancia: aquí hay libertad para las religiones, la marihuana y la prostitución. Aquí nació Spinoza (1632 – 1677), el filósofo de la libertad de cultos e ideas. Einstein creía solamente en el dios de Spinoza. Ese dios nos dice:
“Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.
¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú mismo construiste y que dices que son mi casa. Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti”.
Spinoza nos da un ejemplo del minimalismo con respecto a las cosas materiales: vivía en un cuarto pequeño con una camas, tres mesas, un juego de ajedrez y un poco más de cien libros.
En mi biblioteca tengo un solo libro de Espinoza : Ética demostrada según el orden geométrico.
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Vamos al museo de Rembrandt, el pintor que conocí desde mis tiempos de estudiante de medicina  por su obra la Lección de anatomía y cuya copia estaba  en la morgue de mi facultad de medicina en Moscú.
En la entrada está parado un pintor con sus lápices y colores, muy parecido a Rembrandt. Este señor se viste como el famoso artista holandés y por unos cuantos euros permite ser fotografiado junto a él.
Adquiero una miniatura de Rembrandt, de esas que se pegan en las neveras,  una bagatela pero que considero una verdadera belleza: La ronda de noche.
Busco el cuadro donde aparece Rembrandt con su esposa Saskia y donde el pintor levanta una enorme copa llena de champaña.  No lo encuentro, pero yo adquirí una copia en una visita a Alemania    porque considero esta pintura un verdadero símbolo de la felicidad y la alegría. Debería presidir todas las reuniones familiares para invocar los futuros triunfos y momentos de júbilo. Por eso precisamente la coloqué en nuestra sala, aquí en San Juan de los Morros.
Damos un paseo en barco por los canales y en la noche nos retiramos al hotel Ibis.
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Seguimos en Ámsterdam. La mañana es fría. Un manto de neblina cubre la ciudad en cuyas afueras, en un espacio campestre, unas vacas pastan y unos conejos saltan tranquilamente. Los molinos, que tanto inspiraron a Rembrandt, adornan el panorama. A lo lejos se divisa un bosque.
El guía nos habla de Pedro El Grande, zar de Rusia, que visitó a Holanda de incognito para conocer y aprender en 1697. El zar se disfrazó para que no lo recocieran, pero todos lo identificaron porque medía más de dos metros. Trabajó en un astillero de Ámsterdam y aprendió a construir barcos. Al regresar a Rusia formó una flota gigantesca con la que emprendió el engrandecimiento de su país. Yo leí una biografía en tres tomos de Pedro I, escrita por Alexei Tolstoi; y desde entonces admiro a este zar porque con sus propias manos construyó barcos y la ciudad que lleva su nombre: San Petersburgo. Los revolucionarios le quitaron ese nombre y le pusieron Leningrado, pero luego de la caída de la Unión Soviética recuperó su antigua denominación.  En mi biblioteca conservo los libros de Tolstoi junto a una estatuilla del zar.
En la noche nos acercamos a un coffee shop donde venden marihuana para fumar y también para comer en forma de pasteles. El tufo de marihuana se siente no solamente en este establecimiento sino también en toda la ciudad. La marihuana es legal en muchos países y es muy efectiva como medicina. Es un excelente analgésico.
De aquí partimos al barrio rojo para ver a las prostitutas que ejercen su profesión de manera legal como cualquier otro trabajo. Natalia y otras mujeres del grupo se niegan ir. Argumentan razones “obvias”. Yo creo que es una oportunidad para conocer y ver todo “con mis propios ojos”. Nos dicen que debemos guardar silencio y evitar cualquier gesto que pueda ser interpretado como burla. Además, aunque no está prohibido es mejor no tomar fotografías.
Caminamos en silencio por las calles del barrio iluminadas con luces rojas. Las mujeres se exhiben es unas vitrinas de vidrio como si fueran una mercancía cualquiera.  Cada mujer tiene un hombre para protegerla que casi siempre es su propio esposo. Hay féminas de todos los tipos y gustos: desde negras hasta blancas con todos los matices posibles. Altas, medianas y hasta enanas. Flacas, gordas y supergordas que casi no caben en el escaparate de cristal; y no podemos evitar una mueca de risa.
La libre venta de marihuana y el barrio rojo son parte de la política de tolerancia de los holandeses: haz lo que te dé la gana sin molestar a nadie.
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Vemos unas poleas en la parte externa de los edificios, son para llevar las camas, lavadoras, neveras, etc., hasta los apartamentos. Es una forma práctica y cómoda de sacar y meter enseres cuando no hay ascensores de gran capacidad y las escaleras son estrechas
Sabemos que el medio de transporte oficial es la bicicleta. A los niños primero les enseñan a nadar y luego a andar en bicicleta. Hombres, mujeres, viejitos e infantes viajan en bicicleta. Hay un estacionamiento gigante de varios pisos para bicicletas. Pregunto al guía cómo encuentra su bicicleta el usuario. Bueno, responde, si no la encuentra se roba una cualquiera, y cuando viene el amo de la bici que se robaron, se roba otra, y así  se roban unos a otros y no pasa nada porque son muy baratas…
Pasamos frente a la casa natal de Espinoza, el pensador  de la tolerancia. Comentan que la filosofía de los holandeses la resume la expresión francesa: “laissez faire, laissez passer”, que significa  “dejen hacer, dejen pasar”.
Llegamos a la casa donde murió Rembrandt en 1669 a la edad de 63 años. No se saben las causas de su muerte, pero los especialistas afirman que por sus innumerables autorretratos puede diagnosticársele melancolía y depresión. Esto lo corrobora su tendencia  a la soledad y el uso de colores oscuros los últimos años de su vida.
Un canal está cubierto de flores. Es un mercado flotante. Un puente tiene sobre sus barandas muchas coronas. Y de repente la belleza se transforma cuando observo un canal con mucha basura. Siempre hay gente que desentona.
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Estamos cerca de la casa de Ana Frank. Es uno de los sitios más visitados de Ámsterdam. Discuto con la guía sobre el Diario de Ana Frank. Le digo que una niña que apenas tenía 13 años no pudo escribir ese diario, el cual me parece provenir de una mano adulta. Me contesta que las circunstancias terribles de la guerra la hicieron madurar prematuramente. Puede ser, pero quedo con mis dudas. La cola es enorme y eso me desanima para entrar a la casa. Pero repaso el libro con mucho cuidado y encuentro cosas muy interesantes. Ana dice que inicia su diario porque el papel es más paciente que el hombre. Cuando se escondió de los alemanes en esa casa que ahora vemos de cerca sólo pudo despedirse de su gato Moortie. Ese  amor hacia los animales nunca lo perdió :hizo amistad con otro  gato llamado Boche que vivía en un anexo a su escondite.
De noche debían guardar absoluto silencio para no ser descubiertos por los gendarmes. Cuando alguien tosía le daban codeína, un poderoso medicamento que inhibe el reflejo de la tos. Ella escribe: “Muertas de miedo, la señora  Van Daam y yo casi nos desmayábamos  cada vez que el señor tosía. Por fin, uno de nosotros tuvo la brillante idea  de darle codeína, calmando así los comprometedores accesos”.
Luego este largo párrafo:
          “Una gripe me ha impedido volver a escribirte antes de hoy .Es horrible estar enferma aquí. Cada vez que tenía que toser, me acurrucaba bajo las cobijas  para ahogar el ruido, con el resultado que la garganta me hacía  aún más cosquillas .Tuvieron que darme leche con miel, azúcar y pastillas. Cuando pienso en los tratamientos  que tuve que soportar  me dan todavía vértigos: sudoríparos, compresas húmedas, cataplasmas,  bebidas calientes , gargarismos, toques, jugo de limón, vaso de agua caliente y el termómetro cada dos horas en completa inmovilidad”.
Cuando el médico no tiene fonendoscopio, para escuchar el corazón o los pulmones del paciente, puede colocar su oído sobre el pecho del enfermo. Eso se llama auscultación directa; y lo notamos en las siguientes líneas:
“…Lo más desagradable fue sentir sobre el pecho desnudo la cabeza envaselinada de Dussel, quien, dándoselas  de médico, se empeñó en auscultar  mi pobre caja torácica”.
Con todas las penurias Ana se empeña en dejar un testimonio para la posteridad: “Quiero que algo de mi perdure después de la muerte”.

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Hay   unas frases en el Diario de Ana Frank que llaman poderosamente la atención por la fuerza y convicción de vida que transmiten:
-.Las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados. Leer, aprender…
-Me has preguntado cuáles son mis intereses y pasatiempos y me apresuro a responderte…En primer lugar escribir, lo que en realidad no entra en la categoría de pasatiempo.
- La obscuridad, la noche lluviosa, la tormenta, las nubes fugitivas, me tenían fascinada. Por primera vez desde hace  un año y medio, veía la noche frente a frente.
-Todos vivimos sin saber por qué ni para qué en búsqueda siempre de la felicidad
-La pereza puede seducir, pero el trabajo produce satisfacción.
-Porque en el fondo la juventud es más solitaria que la vejez.
Pero hay otro tipo de frases que me recuerdan a la Venezuela actual. Con la diferencia que lo que comenta Ana sucedía en la Segunda Guerra Mundial y en 1944; y lo de mi país pasa en pleno siglo XXI:
-“Se hace cola hasta para comprar verdura. Los médicos no pueden visitar a los pacientes, pues en cuanto vuelven la espalda le roban su vehículo; el robo y las raterías están a la orden del día, al punto que nos preguntamos qué ha sucedido con los holandeses, quienes de la noche a la mañana se han transformado en ladrones”
-“Nadie se atreve a salir de su casa ni por cinco minutos, pues si te vas se van también tus pertenencias”.
-“Todo el mundo se dedica al mercado negro…Los asaltos, los asesinatos, los robos son ya rutinarios. Policías y veladores participan en ellos como profesionales, pues todos quieren satisfacer su estómago a toda costa”.
-“El mundo entero está de cabeza. Las personas decentes son enviadas… a prisión o a temblar en celdas solitarias, mientras que la escoria gobierna  a jóvenes y viejos, a ricos y a pobres”.


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Hace poco una noticia recorrió el mundo cultural y lamentablemente me dio la razón: el famoso diario de Ana Frank fue escrito por un adulto. Dicen que fue el padre de Ana,  Otto Frank. Otros afirman que fue el escritor judío norteamericano Meyer Levin.
Además, se determinó que el diario fue escrito por una sola mano, y no fue la de Ana, dice Minna Becker, una perito judía en caligrafía. Y su afirmación la hizo ante un tribunal. Minna comparó la letra de las cartas que Ana escribió a unas amigas  y que fueron publicadas en Estados Unidos. La conclusión fue la siguiente: la letra de estas cartas sí tiene el aspecto normal de una niña de 10 ó 12 años, lo que no es el caso del “manuscrito original”, que nos revelan a un autor de mayor edad.

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Estamos cerca del Museo de Van Gogh en Ámsterdam. Compro una miniatura del cuadro “Campesinos comiendo patatas”, la primera gran obra del artista. En mis notas sobre los sueños escribí lo siguiente:
“Entré caminando al pueblo y llegué hasta la plaza. Allí se realizaban unos espectáculos con niños danzando. En la avenida me detuve en la esquina de las Prieto (unas viejitas que tenían una bodega en Las Mercedes del Llano), convertida en una especie de venta de comida. Entré para comerme algo. La estancia estaba oscura a pesar de que una luz tenue emanaba de una lámpara de kerosene colgada en el centro del techo. Sobre las mesas estaba unos platos con manjares que no distinguía. La gente comía en silencio.
Partí hacia la casa. Caminé por el corredor hasta mi cuarto. Papá y mamá me saludaron y me siguieron comentándome sobre algo que no entendí.
Me desperté y concluí que la estancia de las Prieto se parecía mucho al cuadro de Van Gogh llamado Los campesinos comiendo patatas”.
Van Gogh (1853-1890) es uno de los artistas que más ha interesado a los psiquiatras. He leído varios trabajos sobre su posible locura. Unos dicen que era epiléptico, bipolar, esquizofrénico, etc. Él mismo escribió: Mi juventud fue triste, fría y estéril.
Los especialistas toman en cuenta su carácter retraído y conflictivo, su tendencia al aislamiento y el uso de colores que le dan a sus pinturas una sensación de soledad y melancolía.
El episodio no aclarado de su oreja cortada que trató de regalar a una prostituta arroja más sospechas sobre una salud mental afectada. Unos dicen que pudo  sufrir neurosífilis o sífilis que llega al cerebro. Van Gogh padeció esa enfermedad y recibió tratamiento para la misma. Pero ese tratamiento pudo no haber curado totalmente ese mal porque aún no se habían inventado los antibióticos, específicamente la penicilina, la cual si resultó efectiva, Por allí he leído una curiosa versión  sobre el tema. Se trata de una pintura en la cual el famoso artista holandés retrata al médico que lo asistió hasta su muerte, Paul Gachet.
En ese cuadro aparece el médico francés Paul Gachet en pose pensativa y melancólica y con un  ramo de flores sobre la mesa, el cual está cerca de su mano izquierda. Los analistas dicen que esa flor es una planta digital, de la cual se hace un medicamento para enfermedades cardíacas. Con esta composición Van Gogh quiso resaltar la condición médica de Gachet. Pero los que hilan fino afirman que esa era la planta que le recetaba el psiquiatra y homeópata Gachet a su ilustre paciente.
La práctica médica  con la digoxina y otros medicamentos derivados de la planta digital ha comprobado que la misma tiene efectos adversos sobre las personas que los usan. Entre esos efectos están la debilidad, la apatía, dolores de cabeza, depresión, psicosis y hasta alteraciones de la visión. Esta planta explicaría los cambios bruscos de humor que experimentaba el artista con frecuencia. Y la alteración de la visión tal vez le ayudó a la hora de escoger las pinturas de sus obras.
Bueno, esas son solo divagaciones.
En mi biblioteca tengo tres libros sobre Van Gogh, por lo menos. Todos bellamente empastados.


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En Voledam hay fiestas cuando llegamos. Celebran la construcción del dique. Esas fiestas pueden compararse con las “patronales” nuestras. Hay música, cerveza por todos lados y gente bailando. Algunos bailan  tumbándose hacia atrás hasta caer al suelo, y allí en el piso continúan moviendo su cuerpo.  Dos mujeres bailan sentadas en el piso como en un trencito una detrás de la otra balaceándose por todos los lados.
Voledam es un pueblo portuario. Estamos frente a las aguas del río IJsselmeer (¡Que nombre más raro!). Me siento en un banco al lado de un viejo marinero. Lo saludo en español, pero no me contesta. Lo hago en inglés, pero tampoco escucho su respuesta. Luego lo miro bien y comprendo que es una de esas estatuas de bronce que stán por allí en el puerto. Más relajado por estar sentado con alguien a quien le puedes  decir todos los secretos que uno tenga con la seguridad de que no se los contará a nadie, contemplo el cielo oscuro, lleno de nubarrones gigantes.
Vamos al museo de la ciudad con fotografías viejas, suecos y vestidos tradicionales.
Pedimos para probar  arenques y anguillas. Pasamos esos platos con cerveza negra y vino tinto. Luego caminamos por entre las casas de madera y los molinos.


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Camino a la próxima ciudad entramos a una granja de quesos llamada “El gato en el bosque”. Allí nos hacen una demostración de cómo se fabrican algunas delicateses holandesas, luego de lo cual viene una degustación de variados quesos y salsas.
Partimos a Marken, antigua isla ahora unida al país con un dique. Caminamos por estrechas veredas y entre casas de madera  que mantiene su estilo  y estructura arquitectónica medieval. Son conservadas como museos con cuadros, vestimentas antiguas y muebles como mesas, sillas y camas. Me llama poderosamente la atención una cama para dormir sentado. Preguntó como médico la posible causa de la construcción de ese mueble peculiar. Me explican que ciertas personas pensaban que debían dormir es pose sentada para evitar que la sangre se vaya a la cabeza (¿?) porque eso puede provocar la muerte (¿?). En mi práctica médica he tenido pacientes muy obesos que dormían sentados porque no pueden respirar si duermen en forma horizontal. Eso se llama síndrome de la apnea del sueño: la persona siente que la respiración se le paraliza momentáneamente y tiene mucho miedo, por eso prefiere dormir sentada. Pero he visto otros pacientes: los que piensan que la muerte les puede sólo sobrevenir en una cama para dormir en la noche. Por eso se hacen una cama que se parezca más a un sofá, a un diván o un mueble para sentarse. Nikolai Gógol, un escritor ruso muy famoso del siglo XIX y cuyos cuentos sarcásticos leí cuando llegué a  Moscú, solía dormir en sillas o muebles. Incluso no se quitaba la ropa ni el calzado. Unos afirman que temía morir en la cama, pero otros creen que lo hacía por motivos religiosos: practicaba una especie de mortificación corporal para sacrificarse y agradar a dios.
Salimos de los museos y admiramos sus balcones con muchas flores, sobre los cuales revolotea una bandada de gorriones.
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Amanece en Ámsterdam. Son las cinco de la mañana y contemplo por la ventana el jardín silencioso donde ayer correteaban unos conejos-mascotas. Por la radio hay música clásica.
Hoy partimos hacia Alemania. Pasamos por  Utrecht, ciudad que recuerdo por las lecciones de Historia Universal y la firma de un tratado, según el cual los europeos luego de matarse varios años decidieron hacer las paces y dividirse el continente  como si fuera una torta. También se recuerda esta ciudad porque durante la Segunda Guerra Mundial los ingleses le lanzaron paracaídas con muñecos para confundir a los alemanes.
 Entre árboles y espacios vacíos, bajo una espesa neblina, aparecen los famosos canales y molinos de Utrecht.
Sigue otra ciudad famosa en la misma Segunda Guerra Mundial: Arnhem. Las Fuerzas Aliadas querían tomar sus puentes para luego entrar a Alemania, pero fracasaron.
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Llegamos a Colonia, ciudad a la cual identifico personalmente en tres dimensiones: el nacimiento de Agripina, la Catedral y la invención del Agua de Colonia.
Esta ciudad se llama así porque era una colonia del Imperio Romano. Cuando estudiaba Historia en la escuela y en el bachillerato me horrorizaba tanta locura por alcanzar y mantener el poder político. Roma es el plato fuerte. Nerón fue uno de los emperadores romanos más sanguinarios. Los exegetas de la Biblia lo asocian al propio Lucifer. Las monedas emitidas en su tiempo (siglo I)  arrojan una evidencia indiscutible: tiene cara de loco. Quemó Roma y culpó a los cristianos para perseguirlos. El padre de Nerón, Cneo Domicio Enobarbo, es catalogado por los historiadores como un hombre despreciable y deshonesto. Era un asesino: incluso mató  deliberadamente con su carruaje  a un niño que jugaba en la calle. Pero si el padre era una joya, la madre, Agripina (nacida en Colonia) era una superjoya; a tal extremo que cuando nació Nerón, Cneo dijo: somos tan malos que nuestro hijo será un monstruo. Y no se equivocó. Agripina fraguó todas las componendas políticas, con muchos muertos de por medio, para que Nerón llegara al poder., Un adivino le dijo: si tu hijo llega a ser emperador, te matará. Agripina contestó: eso no importa con tal que él llegue al trono. La profecía se cumplió. Un hombre se acercó con una daga hasta Agripina para asesinarla, y ella le dijo: hiere en el vientre porque de allí salió ese diablo.
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La Catedral de Colonia  se construyó durante seiscientos años. Empezó a levantarse en la Edad Media (1248) y fue concluida en el siglo XIX (1880). Esta catedral es bella e imponente, pero atrae a todo el mundo porque dentro de ella se encuentra, supuestamente,  el Relicario con los restos de los Tres Reyes Magos,  transportados desde la catedral de Milán en 1164. Es claro que lo de los Reyes Magos es una fábula, pero la gente se agolpa para ver la urna dorada porque todos en el fondo somos niños cuando tenemos la capacidad de soñar, tanto para recordar lo que fuimos como para planificar el futuro.

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La marca de perfume más antigua  registrada es el Agua de Colonia Juan María Farina. A partir de ella todas las fragancias se llaman agua de colonia. Este perfume fue inventado por el italiano Juan María Farina (1685-1766) en la ciudad que lo acogió: Colonia; y por eso, agradecido, le puso ese nombre. El Agua de Colonia contiene esencia de varios frutos combinada con hierbas. Farina escribió:
“He descubierto un perfume que me hace recordar a un amanecer italiano, a narcisos de montaña, a azahares de naranjo justo después de la lluvia. Él me refresca y refuerza mis sentidos y mi fantasía”. Particularmente creo en la aromaterapia: cuando estoy cansado me lavo la cara y me perfumo y siento que la energía vuelve a mi cuerpo y al cerebro.
El Agua de Colonia Juan María Farina se hizo muy famosa y la usaban reyes como Fernando VI de  España;  escritores como Goethe; músicos como Mozart; filósofos como Voltaire; militares como Bonaparte; libertadores como Simón Bolívar; y gente sencilla como Alfonso Malaspina, mi padre, a través de quien supe de la existencia de este maravilloso perfume. Él tenía su frasco aromático en su repisa y la usaba durante veladas en las fiestas patronales, en reuniones importantes de amigos o cuando viajaba a otra ciudades en plan de negocios.

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El Agua de Colonia Juan María Farina se hizo muy famosa y la usaban reyes como Fernando VI de  España;  escritores como Goethe; músicos como Mozart; filósofos como Voltaire; militares como Bonaparte; libertadores como Simón Bolívar; y gente sencilla como Alfonso Malaspina, mi padre, a través de quien supe de la existencia de este maravilloso perfume. Él tenía su frasco aromático en su repisa y la usaba durante veladas en las fiestas patronales, en reuniones importantes  de amigos o cuando viajaba a otras ciudades en plan de negocios.
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Desde Colonia nos trasladamos hasta Boppard, una pequeña ciudad medieval. Allí tomamos un barco para hacer un recorrido por el Rin. El paisaje son montañas, castillos, ruinas de fortalezas antiguas y grandes extensiones de tierra cultivadas. Son los famosos viñedos de la región. Todo esto lo disfrutamos con salchichas y vino blanco Riesling, elaborado en las ciudades a través de las cuales pasa nuestro barco. En estos pueblos se realizan festejos en honor a Baco, el dios del vino, en tiempos de vendimia.
En los bosques que contemplamos a orillas de Rin vivían  los nibelungos, unos enanos mitológicos  que buscaban oro. El rey de los nibelungos tenía un anillo mágico.  Aparece un personaje: Sigfrido quien  mata a los príncipes de los enanos. Wagner, un compositor alemán, compuso una ópera sobre este tema, considerada una joya de la música.
Ante nuestros ojos aparece Bingen del Rin cerca de Maguncia, y esta última población nunca se me olvida porque mis maestras de primaria nos obligaban a memorizarla como la ciudad natal de Juan Gutenberg, el inventor de la imprenta en 1440. El primer libro impreso fue la Biblia. Así terminó la era de los pergaminos, que eran manuscritos en hojas hechas de piel de animales inventadas en la ciudad griega llamada Pérgamo.
Nuestro recorrido fluvial termina en Sankt Goar, una ciudad con más historia que una enciclopedia.
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Llegamos a Fráncfort del Meno, última estancia de nuestro recorrido europeo. Aquí nació Johann Wolfgang von Goethe.  Muchos consideran que el cerebro  de Goethe ha sido el mejor empleado por hombre alguno; su mente de humanista, artista y hombre de estado también se ocupó con mucho éxito de las ciencias puras. Publico Las cuitas del joven Werther, la novela que lo catapultó a la fama y donde  describe vivamente la situación peculiar y desesperante de amor  incomprendido. Se lee muy bien cuando estamos enamorados solos. Su fausto lo consagro como uno de los más  grandes de la literatura de todos los tiempos.El pensamiento de Goethe es muy diverso y amplio, yo he tomado tres frases:
“El mayor mérito del hombre es  y será el determinar las circunstancias lo más que pueda y se deje determinar por ellas lo menos posible”
“No sabemos de ningún modo mundo sino en relación con el hombre, no queremos arte alguno sino el que es reflejo de esa relación”.
“Al contemplar una biblioteca uno se siente en presencia de un gran capital que rinde, silencioso, interés imprevisto”
Vamos al Romer, el centro antiguo de Fráncfort y lugar para el esparcimiento. Natalia y yo celebramos con una cerveza oscura, amarga, fría y sabrosa, servida en unos vasos que me parecen muy grandes.
FIN



                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    











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