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Estamos en La Haya, dice el guía; y luego agrega: pero no tenemos parada.
Le digo que no puedo pasar por La Haya sin ir al Mauritshuis y contemplar “La
lección de anatomía” de Rembrandt. No está en el programa, responde. Discutimos
amablemente. Le digo que soy médico y siempre he soñado con mirar esa pintura. Claro que sé
que eres médico, dice en alusión al hecho de que le he recetado para su
lumbalgia y Natalia lo ha inyectado. En agradecimiento cede y nos detenemos
frente a la famosa galería de pinturas.
Atravieso salas pequeñas con pisos de madera y paredes forradas con telas.
Llegó hasta la Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp. El famoso doctor Tulp
explica a sus discípulos anatomía con el cadáver de un hombre que fue ahorcado,
ese mismo día de la lección, por ladrón. Las disecciones eran espectáculos
públicos que se hacían en los teatros. (Las conferencias de anatomía en mis
tiempos de estudiante de medicina se realizaban en un anfiteatro, y en la
cátedra estaba una copia de La lección de anatomía del doctor Tulp con una
leyenda: Aquí los muertos ayudan a los vivos). En los tiempos de Rembrandt (1606-1669)
se cobraba entrada para ver cómo se
descuartizaba un cadáver. Un brazo del modelo de la Lección es más grande que
el otro, seguramente con fines pedagógicos. Los cirujanos de la pintura estudian
con el libro de Vesalio De Humani corporis fabrica (De la estructura del cuerpo humano). Juan, el
historiador mejicano, dice tener una copia original de ese famoso libro en la
biblioteca de Puebla, donde labora.
Salimos. En las afueras del museo hay una copia gigante de la Lección de
Anatomía con la peculiaridad de que puedes colocar tu rostro y formar parte del
cuadro de manera truculenta.
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