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En el Mauritshuis hay muchas obras de renombre, pero para nosotros no hay
tiempo de hacer un recorrido exhaustivo. Por eso nos conformamos con lo que
está más a la vista y que delata el inmenso número de visitantes. “La joven
perla” (1665-1667) es una de esas pinturas que todos quieren ver. Esta pieza del pintor
holandés Johannes Vermeer es comparada con Mona Lisa y representa a una
muchacha con un turbante y sarcillo de
perla. La joven mira al público atenta y
tímidamente.
Particularmente pienso que la belleza del cuadro radica en que la mujer,
precisamente, no es una belleza; pero el arte va más allá y refleja la belleza
espiritual en sus rasgos sencillos y en
la mirada penetrante, vaticinadora de su destino: ser admirada y apreciada por
las generaciones futuras.

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