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Amanece en Ámsterdam. Son las
cinco de la mañana y contemplo por la ventana el jardín silencioso donde ayer
correteaban unos conejos-mascotas. Por la radio hay música clásica.
Hoy
partimos hacia Alemania. Pasamos por Utrecht, ciudad que recuerdo por las lecciones
de Historia Universal y la firma de un tratado, según el cual los europeos
luego de matarse varios años decidieron hacer las paces y dividirse el
continente como si fuera una torta.
También se recuerda esta ciudad porque durante la Segunda Guerra Mundial los
ingleses le lanzaron paracaídas con muñecos para confundir a los alemanes.
Entre árboles y espacios vacíos, bajo una
espesa neblina, aparecen los famosos canales y molinos de Utrecht.
Sigue
otra ciudad famosa en la misma Segunda Guerra Mundial: Arnhem. Las Fuerzas Aliadas
querían tomar sus puentes para luego entrar a Alemania, pero fracasaron.

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