miércoles, 15 de agosto de 2018

VOLEDAM


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En Voledam hay fiesta cuando llegamos. Celebran la construcción del dique. Esas fiestas pueden compararse con las “patronales” nuestras. Hay música, cerveza por todos lados y gente bailando. Algunos bailan  tumbándose hacia atrás hasta caer al suelo, y allí en el piso continúan moviendo su cuerpo.  Dos mujeres bailan sentadas en el piso como en un trencito una detrás de la otra balaceándose por todos los lados.

Voledam es un pueblo portuario. Estamos frente a las aguas del río IJsselmeer (¡Que nombre más raro!). Por allí hay unas estatuas de bronce. Me siento en un banco al lado de un viejo marinero. Lo saludo en español, pero no me contesta. Lo hago en inglés, pero tampoco escucho su respuesta. Luego lo miro bien y comprendo que es una de esas estatuas de bronce… Más relajado por estar sentado con alguien a quien le puedes  decir todos los secretos que uno tenga con la seguridad de que no se los contará a nadie, contemplo el cielo oscuro, lleno de nubarrones gigantes.

Vamos al museo de la ciudad con fotografías viejas, suecos y vestidos tradicionales.
Pedimos para probar  arenques y anguillas. Pasamos esos platos con cerveza negra y vino tinto. Luego caminamos por entre las casas de madera y los molinos.




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