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En Voledam hay fiesta cuando llegamos. Celebran la construcción del dique.
Esas fiestas pueden compararse con las “patronales” nuestras. Hay música,
cerveza por todos lados y gente bailando. Algunos bailan tumbándose hacia atrás hasta caer al suelo, y
allí en el piso continúan moviendo su cuerpo. Dos mujeres bailan sentadas en el piso como en
un trencito una detrás de la otra balaceándose por todos los lados.
Voledam es un pueblo portuario. Estamos frente a las aguas del río IJsselmeer
(¡Que nombre más raro!). Por allí hay unas estatuas de bronce. Me siento en un
banco al lado de un viejo marinero. Lo saludo en español, pero no me contesta.
Lo hago en inglés, pero tampoco escucho su respuesta. Luego lo miro bien y
comprendo que es una de esas estatuas de bronce… Más relajado por estar sentado
con alguien a quien le puedes decir
todos los secretos que uno tenga con la seguridad de que no se los contará a
nadie, contemplo el cielo oscuro, lleno de nubarrones gigantes.
Vamos al museo de la ciudad con fotografías viejas, suecos y vestidos
tradicionales.
Pedimos para probar arenques y
anguillas. Pasamos esos platos con cerveza negra y vino tinto. Luego caminamos
por entre las casas de madera y los molinos.
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