martes, 5 de diciembre de 2017

GANTE

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GANTE
En algunos minutos llegamos a Gante, morada de los antiguos celtas, y entramos a la Catedral de San Bavón. Bavón fue un hombre rico, malvado en su juventud. Se arrepintió de sus fechorías y viajo mucho como monje evangelizador para terminar viviendo en un bosque en el hueco de un árbol. Es el santo patrono de Gante.
  En la Catedral hay muchas pinturas de artistas famosos como Rubens; sin embargo, la gente se agolpa alrededor del retablo “La adoración del Cordero Místico” de  Jan van Eyck. Un monje muestra el cuadro y se dispone a cerrar la capilla donde se exhibe. Señala el reloj de su muñeca para indicar que ya es tarde. Hay un forcejeo y un cruce de palabras, luego de las cuales el hombre de la sotana cede y alcanzamos a contemplar la obra religiosa. El Cordero Místico es el cuadro (en realidad son varias tablas con muchas escenas bíblicas) más robado en la historia del arte: sus tablas fueron separadas para esconderlas de la ira iconoclasta de Calvino, Napoleón se lo llevó para exponerlo en el Louvre, pero Luis XVIII lo devolvió. Unas de las tablas del recuadro aparecieron en Berlín, las cuales regresaron a Gante después de la Primera Guerra Mundial. Los hitlerianos escondieron el cuadro en una mina de sal…
Nos dicen que este aposento de Dios fue bautizado Carlos V, el emperador español, nacido en Gante hijo de la reina Juana, llamada la Loca, quien se encontraba en la ciudad buscando mejores aires para sus males psiquiátricos. Algunos afirman que el epíteto de loca era un pretexto para apartarla del poder político; no obstante, el posterior comportamiento de Juana cuando murió su esposo ponen en duda que estuviera en sus cabales: deambuló por tierras de España transportando el cadáver de Carlos V durante ocho meses y por las noches, como para imprimirle con la oscuridad más misterio a una acción de por sí tétrica.  
Se  conversa en el sagrado recinto de las relaciones entre  Carlos y su madre que demuestran que las luchas por el poder político se sustentaron en este caso en el atropello por encima del amor familiar.
Llegamos hasta la plaza de Lieven Bauwens, empresario belga del siglo XIX, quien trajo la industria textil al país. Fue alcalde de la ciudad y amigo de Bonaparte.



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