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GANTE
En
algunos minutos llegamos a Gante, morada de los antiguos celtas, y entramos a
la Catedral de San Bavón. Bavón fue un hombre rico, malvado en su juventud. Se
arrepintió de sus fechorías y viajo mucho como monje evangelizador para
terminar viviendo en un bosque en el hueco de un árbol. Es el santo patrono de
Gante.
En la Catedral hay muchas pinturas de
artistas famosos como Rubens; sin embargo, la gente se agolpa alrededor del
retablo “La adoración del Cordero Místico” de Jan van Eyck. Un monje muestra el cuadro y se
dispone a cerrar la capilla donde se exhibe. Señala el reloj de su muñeca para
indicar que ya es tarde. Hay un forcejeo y un cruce de palabras, luego de las
cuales el hombre de la sotana cede y alcanzamos a contemplar la obra religiosa.
El Cordero Místico es el cuadro (en realidad son varias tablas con muchas
escenas bíblicas) más robado en la historia del arte: sus
tablas fueron separadas para esconderlas de la ira iconoclasta de Calvino,
Napoleón se lo llevó para exponerlo en el Louvre, pero Luis XVIII lo devolvió.
Unas de las tablas del recuadro aparecieron en Berlín, las cuales regresaron a
Gante después de la Primera Guerra Mundial. Los hitlerianos escondieron el
cuadro en una mina de sal…
Nos
dicen que este aposento de Dios fue bautizado Carlos V, el emperador español,
nacido en Gante hijo de la reina Juana, llamada la Loca, quien se encontraba en
la ciudad buscando mejores aires para sus males psiquiátricos. Algunos afirman
que el epíteto de loca era un pretexto para apartarla del poder político; no
obstante, el posterior comportamiento de Juana cuando murió su esposo ponen en
duda que estuviera en sus cabales: deambuló por tierras de España transportando
el cadáver de Carlos V durante ocho meses y por las noches, como para
imprimirle con la oscuridad más misterio a una acción de por sí tétrica.
Se
conversa en el sagrado recinto de las
relaciones entre Carlos y su madre que
demuestran que las luchas por el poder político se sustentaron en este caso en
el atropello por encima del amor familiar.
Llegamos
hasta la plaza de Lieven Bauwens, empresario belga del siglo XIX, quien trajo
la industria textil al país. Fue alcalde de la ciudad y amigo de Bonaparte.

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