lunes, 11 de diciembre de 2017

ANTE LA ESTATUA DE BÉLA BARTÓK EN BRUSELAS


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Allí mismo en la Plaza España está ubicada una estatua del compositor Béla Bartók, quien solía visitar Bruselas. Confieso que no lo conocía y por eso investigué sobre su vida y busqué su música para escucharla y apreciarla. Bártok (1881-1945) era rumano. La estatua, de bronce, se inauguró en 1995 con motivo de los 50 años de su muerte. Estudió y difundió la música folclórica de Europa Oriental. Era un genio: diferenciaba los tipos de música antes de empezar hablar y tocaba el piano antes de los cuatro años. Vivió un tiempo en Ucrania al morir el padre. A los nueve años ya era compositor, y a los once daba conciertos. Se dedicó al folclore cuando escuchó a una niñera cantar canciones folclóricas a los niños. Este hecho demuestra una vez más que nuestras inclinaciones y preferencias en la vida son sólo consecuencias del azar en la mayoría de los casos. Bártok empezó visitar pueblos para indagar sobre su música al mismo tiempo que llega al ateísmo. Quién sabe cómo llegó hasta allí. ¿Conociendo a la gente más humilde en sus creencias más sencillas e incomprensibles por la falta de lógica? Pero luego será unitarista: creer en solo dios y negar la trinidad. Durante la Segunda Guerra Mundial se negó a colaborar con los nazis y les prohibió que usaran su música. Mientras escribo escucho su música y reconozco que jamás había escuchado semejantes sonidos, los cuales me parecen primitivos. Bueno, no conozco de música en general; no obstante Bártok está catalogado como uno de los genios musicales del siglo XX. Cuando enfermó de leucemia no aceptaba ayudas por considerarlas limosnas y solicitaba trabajo para solventarse por su propia cuenta. Estaba al borde de la muerte, pero mantenía intacto el sentido de la dignidad.

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