martes, 14 de noviembre de 2017

PARÍS. 31 DE AGOSTO.DOMINGO

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PARÍS
31  DE AGOSTO.DOMINGO
Las campanadas me despiertan, pero ni siquiera veo el reloj para precisar la hora. El día es soleado y salgo a caminar. Hago un recorrido por muchas calles solitarias y llego hasta una tienda con pocos clientes. Regreso con un ramo de rosas: hoy es el cumpleaños de Natalia. Se las obsequio y  bromeo: le digo que no son rosas como otras, son rosas parisinas.
 Llegamos hasta el Barrio Latino .Recorremos las calles medievales repletas de cafetines y tiendas. En nuestro paseo pasamos por la Sorbona, el Colegio Francés y nos detenemos ante una estatua de Claude Bernard, el padre de la Medicina Experimental. Nos perdemos entre el tumulto  de gentes. Los expendios de comidas exponen en sus vitrinas con exquisiteces que abren el apetito: camarones cubiertos de salsas adornados, lechones en brasas, frutas de todos los confines del mundo; manjares que veo por primera vez…Miro al suelo y me encuentro con un pájaro muerto, como para  recordarnos que la vida tiene su contraparte segura, inevitable, la cual nunca debemos olvidar. El ave hermosa está con su pico hacia el cielo, sus alas extendidas y sus patas recogidas. Tengo ante mí una clara invitación para reflexionar en el propio  barrio de los intelectuales y de los bohemios que ha inspirado a muchos artistas. Murger, el apologista  de la bohemia dice  que la misma  es el examen de aptitud de la vida artística; es el prefacio de la academia, del hospital o de la morgue; y  remata que la bohemia sólo existe en París y no puede existir más que en París.
Nos sentamos en un cafetín y pedimos una copa de vino.
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Anoche leí hasta muy tarde “La incógnita del hombre”, de Alexis Carrel. Fue publicado en 1934 y ya se planteaba el problema  del conocimiento desde la perspectiva de la cantidad. Carrel dice: “El inmenso número de conocimientos que poseemos hoy día sobre el hombre, es un obstáculo para su empleo. Para que resulte utilizable, nuestro conocimiento debe ser sintético y breve”.

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