jueves, 16 de noviembre de 2017

CALAIS-LONDRES

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CALAIS-LONDRES
LUNES. 1 DE SEPTIEMBRE.
Muy temprano salimos de Paris con un sol resplandeciente y con la  neblina  sobre los sembradíos. Vamos hacia Calais para tomar el barco a Londres. Como a las nueve de la mañana el cielo se nubla y una brisa mueve los árboles. Más tarde aparecen unos ríos lentos, unos anuncios gigantescos y un bosque de arces cruzado por una bandada de pájaros. Atravesamos pueblos con pequeñas casas de madera rodeadas de siembras de maíz.
Al transcurrir dos horas de viaje llegamos a  Arrás, la ciudad natal de Robespierre y por donde pasó Juana de Arco, ya prisionera, camino hacia la hoguera.
Ya estamos en Calais donde se encuentra el famoso grupo escultural Los Burgueses de Calais, el cual materializa las grandezas y  miserias del alma humana. Calais fue sitiada por los ingleses en 1346. La gente moría de hambre y sed. Eduardo III , rey de Inglaterra, propuso perdonar la vida a los habitantes si seis hombres notables de la ciudad se rindieran ante él, junto con las llaves de la ciudad, vestidos en camisón y con una soga amarrada a sus cuellos.
Seis ciudadanos ricos de Calais se ofrecieron para el sacrificio para salvar a sus conciudadanos. El rey los recibió e inmediatamente los mandó al patíbulo. Uno de los presidiarios le suplico que no lo hiciera porque ellos se habían entregado voluntariamente. El rey capto el gesto heroico de sus enemigos y se enojó más. Sólo se detuvo en sus intenciones vengativas cuando su esposa le suplicó, llorando, que perdonara a los presos, quienes más tarde, como en los cuentos de hadas, fueron liberados. Esta vieja historia habla de la ira de los hombres, su crueldad y  sed de venganza; pero también de su capacidad y posibilidad de detenerse ante un abismo.
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Ya vemos los acantilados en la costa de Dover: enormes rocas blancas, misteriosas e imponentes. El barco se detiene y una gaviota se posa sobre la proa. A lo lejos se divisa un castillo.  Son casi las cuatro de una tarde oscura. Las palomas parecen dormitar sobre las chimeneas.
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Llueve lentamente cuando entramos a Londres. Con la zurda tomaban las riendas del caballo y con la derecha la espada en tiempos medievales; y así es el tránsito en Inglaterra. Eso nos dicen. Después de pasear en la noche por la calle Piccadilly nos vamos a un pub o bar inglés con sus estantes de madera con bellos acabados repletos de botellas, barriles y sifones. Los ventanales con sus vitrales proyectan luces sosegadas. Con cerveza amarga y espumosa conversamos de La ratonera,  de Agata Christie , El fantasma de la opera de Gastón Leroux y la película Mary Poppins. No recuerdo porque abordamos los dos primeros temas, pero sí lo del film musical por lo de las chimeneas que aparecen en el mismo y que hoy en Londres tienen valor histórico y desde las cuales  se puede ver al mundo de otra manera, privilegio que sólo tienen o tenían los hollinadores , los pájaros y las estrellas, según el mencionado film.

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